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Opinión
Corrupción K

Entre las rejas y el champagne

Julio De Vido ya está preso. El otrora poderoso hombre del bolsillo de oro, quien se encargó de administrar y dilapidar nuestro dinero durante más de una década. El mismo que era conocido como "el cajero" de los K, debe haber sentido en carne propia el abandono de su principal sostenedora, Cristina Kirchner.

Por: Fabiana Dal Pra
Miércoles 25 de Octubre de 2017
De Vido fueros detencion entrega

Pero… ¿cuál De Vido? ¿El de los 10 custodios en la puerta de su departamento? ¿El que firmaba sin chistar cheques de 5.000 millones? ¿El que levantaba un teléfono para “desaparecer” fondos, carpetas comprometedoras o testigos opositores? ¿El que manejó durante 12 años 740 mil millones de pesos?

Ese De Vido, con capa de intocable y mirada dura, cayó preso como cualquier mortal. Un hecho que hasta hace unos días hubiera resultado prácticamente inverosímil para la mayoría de los argentinos.

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¿Cómo sería posible que un hombre que no solamente se sintió, sino que se mostró como un “dios”, podría caer en las redes de las leyes terrenales del código penal? Malversación de fondos, enriquecimiento ilícito, desvío millonario de dinero  público son estas formas técnicas elegantes que sirvieron para decir lo que la gente en criollo pensaba: “¡Éste y su banda se chorearon todo!”.

Son causas escandalosas, que lo tienen como cabecilla de una estructura inmensa, en donde algunos de sus pilares del pasado lo están esperando con el mate caliente dentro del penal de Ezeiza.

Porque en el currículum de De Vido se anotaron todos los “nenes” que cayeron primero. Tal vez porque también pensaron primero que el poder que tenían era casi como la inmortalidad: nunca los alcanzaría ni la Justicia ni la muerte.

Pero la desesperación toca hasta a los más fuertes. Y a De Vido también se le derritió la capa.

La crónica periodistica indica que tuvo actitudes de humano “normal”. Un día antes de entregarse, cuando ya se suponía hasta la hora de la estrepitosa caída en Comodoro Py, se habría reunido con sus hijos para despedirse antes de que se cumpliera su detención.

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La última esperanza comenzaba a diluirse al filo del mediodía de este fatídico 25. El Congreso, el último reducto que había elegido creyendo que serviría de aguantadero de corruptos, le daba la llave a la Justicia para detenerlo. Cuando De Vido se sintió uno más, decidió tomar sus medidas para entregarse, que lo pintan de cuerpo entero.

Ese De Vido inmenso, poderoso, desafiante, hoy se mostró como un ratón perseguido por el gato. Entonces, montó la última estrategia de su entrega, para que la República Argentina, y muy especialmente una mujer, que empezó a investigarlo cuando su vida política era color de rosa, no tuviera “la foto de De Vido con esposas”.

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Antes de aceptar que las esposas lo aten de manos y pies, después de su escandaloso poder, le dedicó a ella la última frase antes de meterse en la oscuridad del calabozo: "Mándenle champagne a la doctora Carrió”.

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