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Opinión
Inseguridad

Linchamientos: la contracara

¿Quién defiende a los vecinos asaltados? Le preguntamos al abogado de derechos humanos y respondió: "ese es un deber del estado".

Por: Karina Vallori
Lunes 06 de Julio de 2015

Desde que murió José Luis Díaz, el ladrón linchado por vecinos en Quebrada de las Rosas ya nada fue igual. Socialmente, la gente en los barrios, en los comercios, en las calles, comenta, discute y hasta apoya a los vecinos que lincharon al joven de 23 años. “Uno menos”, dicenDíaz fue encontrado atado en un poste y con traumatismos en la cabeza (el 90% de los golpes fueron allí) y el cuerpo.

La contracara de este caso fue la muerte de Benjamín Romero. Tenía 21 años  y lo mataron en Villa Allende Parque para robarle un celular. Los delincuentes le pegaron un tiro en la cabeza y, una vez tendido en el suelo, le robaron. En el velorio del joven vimos a una madre desconsolada. Benjamín era el sostén de la familia y cuidaba de un hermano enfermo.  “Él era muy especial, muchos me agradecieron por el hijo que crie, quienes lo mataron no tienen los mismos valores”

Otra víctima de la delincuencia (entre muchas) fue la doctora Irma Cafure, a quien motochorros le arrebataron la cartera y la arrojaron al piso en Colón y Sagrada Familia. La hermana de la ex vocal del Tribunal Superior, María Esther Cafure, murió a raíz del golpe en la cabeza. Su hija Claudia “Poli” Vélez sorprendió a todos cuando dijo: ”perdono a los delincuentes que mataron a mi madre porque tambien son víctimas de esta sociedad”. Su opinión fue una excepción al pensamiento general.

Ya no hay regreso, no hay vuelta atrás. Si no hay condena a los vecinos puede entenderse como un aval implíocito para linchamientos sin parar. Y si hay condena, el sabor amargo en la sociedad por la imputación a quienes salieron a defender a un adolescente víctima de la delincuencia.

La contracara, las palabras de Héctor Díaz, el padre de José Luis: “tienen que pagar la muerte de mi hijo si no los voy a buscar uno por uno y los voy a matar”.

Jurídicamente hablando, el linchamiento en sí mismo no encuadra una figura penal en el Código pero sí sus consecuencias o efectos, en este caso ante la muerte del joven, se trata de un homicidio. El fiscal de la causa, el Dr Rubén Caro, imputó de homicidio en agresión a siete hombres entre 25 y 65 años. Hay, por lo menos, una decena más en la mira.

La madre adoptiva de Díaz se constituirá como querellantes, apoyada por la asamblea permanente por los derechos humanos y probablemente pidan un cambio de caratula a homicidio simple. En este caso, los vecinos podrían ser detenidos (ya que prevé penas mayores a ocho años). Tampoco se descarta un agravamiento de la actual imputación pero en un grado menor a un homicidio preterintencional. De todos modos los resultados de la autopsia serán determinantes.

La justicia por mano propia deja de ser justicia cuando se les va la mano, cuando no hay racionalidad en el medio empleado para impedirla o repelerla (art 34 ins 6 c del Código Penal).  Ese es el límite entre un héroe samuraí al que invaden su casa y amenazan a su familia y la reacción ante ser testigos de un hecho delictivo.

Sin ánimos de justificar lo injustificable de la muerte de una persona, cabe una pregunta… ¿quién detiene la bronca que genera llegar a tu casa y encontrarte despojada de todas tus pertenencias, tu sacrificio, tu trabajo y hasta en algunos casos de recuerdos de toda una vida? En el código penal no hay una figura que condene a quienes te roban la tranquilidad.

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