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Sociedad
Gente con ganas

Trabajar después de la jubilación

Jesús está a punto de cumplir setenta años. Ese día se queda sin trabajo en una sociedad que no parece estar preparada para pasivos que quieren seguir activos.

Por: Fredy Bustos
Jueves 22 de Marzo de 2018
taxista

—Buen día, señor. ¿Cómo está?

—Bien, acá; trabajando mucho. Vamos al centro, por favor ¿Usted cómo está?

A mí me duele el alma, m’hijo. La semana que viene cumplo 70 años.

—Bueno, pero se lo ve muy bien. Ya quisiera yo llegar a los 70 así, trabajando.

—Yo también, pero el 28 de marzo cuando cumpla 70 años ya no puedo ser más taxista. Ya no puedo hacer lo que hice siempre.

—…

—Por eso me duele el alma.

Es difícil encontrar palabras para el consuelo. Yo no las encontré. Después me contó que arrancó en el 69, cuando el boulevard Illia aún se llamaba Junín. En otra Córdoba, en otro tiempo.

Que sabía que las reglas del juego eran así pero el tiro de gracia le llegó en diciembre. Fue a renovar el carné profesional y ya la fecha de vencimiento impresa no coincidía con la fecha del trámite. Esta vez el sistema solito le puso fecha de vencimiento el día de su cumpleaños. El 28 de marzo de 2018 Jesús Alberto Peres ya no podrá ser taxista.

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Desde 1969 si alguien le preguntaba a qué se dedica, la respuesta era clara y firme como sus manos al volante: “Soy taxista”. Se le hace pesado conjugarse en pasado por más legal que sea el asunto. Sabe que las cosas son así.

Sabe que en su parada de Alta Córdoba, otros tres compañeros pasaran a la clase pasiva. Pasivos que quieren seguir activos. Jubilados que no encuentran júbilo en su retiro. En esa está el “negrito” Peres. Y muchos más.  


Como no sabe de quedarse quieto, fue a pedir un micro crédito para poder seguir laburando. Quiere poner un desayuno al paso para servirles a sus camaradas. Otra cachetada con la edad. No califica para pedir porque los sistemas crediticios piensan en la esperanza de vida, pero no en la esperanza. Por viejo, tampoco le prestan plata.

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Así que por ahí anda, viendo quién le regala un termo, una conservadora, un par de tupper. Nada tendría que pedir si ya lo dio todo. “Pero qué se le va a hacer”. Una y otro vez me dijo esa expresión. No hay nada raro en la historia de Alberto. No se viola ninguna ley ni ordenanza. No es víctima de ninguna injusticia desde lo legal. Y eso me asusta. Verlo manejar para el lado que vamos todos. Aunque sea normal.

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