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La denuncia de Thelma Fardin le dio valor a Victoria, quien se animó a hablar después de dos años.

El nene de nueve años atravesó una larga lucha contra la leucemia. Ahora dibuja sonrisas a chicos enfermos.

Desde hace un año la ley de Electrodependientes no alivia la vida de estas familias. Como la de Alma y Milo y sus papás, Natalia y Fernando.

Cuando le pregunté a Analía cómo fue volver a la Argentina, se le cruzaron en la cara dos sentimientos: la alegría de formar la familia que tanto soñó con Guillermo y el dolor de encontrarse con este comentario: SE FUERON A UCRANIA A BUSCAR CHICOS RUBIOS.

Al tipo de la foto le pasó algo insólito. La policía en un control le secuestró la moto, después en la comisaría donde la moto estaba en guarda, algunos policías hicieron un asado y quemó la mayoría. Gabriel, el de la foto, se subió a otra moto suya y fue al rescate de la moto carbonizada en el asado. La policía le secuestró la segunda moto.

Los cebó una chica de Luque con los pies, hace ocho años. Hoy la volví a ver por una nota que llegó a El Doce y Vos.

Una voz como la del GPS le leyó el texto que le escribí, al conocer su pasión por los colores de Talleres. Su risa contagiosa y mis palabras, una sensación indescriptible.

Entendí por qué la imagen de Juan Schiaretti quebrado en llanto ante el cajón impactó tanto. El mandato aún resuena.

Lucho, fotógrafo de El Doce sacó el drone que vuela como el dólar y trajo una foto. Es esta. Máxima 40. Un auto que va y otro que viene. En la autopista de los precios, 40 pesos = 1 dólar.

Una foto que vale más que mil palabras. Y el amor por los colores que no tiene comparación.

La noche en la que hasta el cielo pintó una postal magnífica para los celestes de Alberdi.

En tiempos en donde los comentarios de las redes sociales auspician la violencia y el "ojo por ojo", el destino dejó una historia para reflexionar.

Un viaje imaginario retro a la niñez de otros tiempos. ¡Subite al bondi y hacete la pregunta !

Muertes que se suman a la larga lista de tragedias y un pedido que duerme en tribunales.

Cuando escuché llorar a Norberto Oyarbide, me acordé que siempre me hizo reír, su vida de caricatura, de bon vivant, sus bailes, sus joyas, sus smokings, sus tapas de gente con la farándula, su baile con la mona. Cuando caía en la cuenta de que ese señor era juez federal, la risa se me cortaba como la leche que queda afuera de la heladera.

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