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Fingir el llanto es algo tremendamente difícil que requiere de técnica y tiempo. Eso dicen los especialistas. La antigua creencia de que los cocodrilos lloraban mientras devoraban a su presa fue reemplazada por la certidumbre científica de que los cocodrilos, como los humanos, lubrican sus ojos con lágrimas. De ahí que la expresión “lágrimas de cocodrilo” es de dudosa comprobación.

Quiero que el ogro de la Conmebol se despierte y enfrente un tribunal de reyes magos que lo acuse de un crimen, de esos que no prescriben nunca.

A mi modo de ver, la única manera de intentar que los bochornosos episodios del sábado no hayan pasado en vano, es aplicar el rigor de la ley, le duela a quien le duela.

El Imperial Ruso se quedó adherido a la memoria como el sabor al paladar por años. Hasta hoy siento la necesidad de que me acompañe los años que faltan. Como una manera de confirmar que la vida es indivisible, que los guiños de la infancia a menudo escriben el porvenir.

Si yo tuviera un hijo o un hermano hundido en el mar frío y sin respuestas, querría que me lo traigan de vuelta. Pero no tengo a ningún ser querido hundido en el Atlántico Sur. Soy periodista. Y debo informar las cosas que sé.

Hablemos en serio. Hay cosas mucho más importantes que el fútbol como para pasarse horas, días, semanas, debatiendo sobre una pelota que rueda en un pedazo de pasto.

Aunque sea por la fuerza de los recuerdos, no toda la pasión se nos ha ido. Por eso agradezco conservar la que siempre tuve por el fútbol.

Crecí con la idea de superhéroes que podían cambiar el mundo. Hacerlo mejor. Menos injusto. Más humano. Ya no tengo esa idea mesiánica de la vida. Desde hace un tiempo creo que Batman solo puede hacer bastante pero no más que eso.

Una primera reacción obvia, lógica, pero simplista, sería lamentarse por el acceso al gobierno del país más poderoso de América Latina de un racista, xenófobo, homofóbico, partidario de la violencia institucional y de la incursión del militarismo en la política.

Rigamonti no fue vivo simplemente porque la sanción al arquero que retiene más de seis segundos la pelota no se cobra nunca en el fútbol argentino. Es como el semáforo en rojo en una esquina peligrosa a las tres de la madrugada. Nadie lo respeta porque no hay sanción. Uso y costumbre que le llaman.

Definitivamente el Papa no lo quiere mucho a Macri. O si quiere ponerlo de otra manera, se ve que a la jerarquía de la Iglesia Católica no la complace demasiado el rumbo político del gobierno nacional.

Es cerca de este domingo, que algunos simplifican injustamente llamándolo “comercial”, cuando me doy cuenta que uno no deja nunca de extrañar a la madre. Podrá despegarse más o menos de ella, irse a vivir cerca o lejos, pero la sigue necesitando con intensidad adolescente.

Vivimos agobiados por las urgencias y por eso no podemos enfrentar las cosas importantes. Y por no enfrentar las cosas importantes es que vivimos agobiados por las urgencias. En ese encierro está la Argentina, y lo peor es que no sabemos si vamos a salir.

La pregunta empieza a repetirse por estas horas y normalmente va seguida con la afirmación: “No sé qué regalarle”. Luego viene un catálogo de pretextos diversos, encabezados por el “no me alcanza para regalarle lo que me gustaría”, pasando por el “son tantos años que se me acaba la creatividad” o “no logro coordinar con mis hermanos”.

Pepe es un amigo de hace tiempo. De esos que sufren cuando no encuentran justas las cosas. Me llamó ayer porque había escuchado el comentario sobre el chico de la esquina al que nunca le había preguntado el nombre. Me dijo que a él le había pasado algo parecido y que me lo quería contar.

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