Tras el hallazgo del cuerpo de Claudia del Carmen Scrazzolo, de 38 años, brutalmente asesinada y enterrada en el patio de su propia vivienda la localidad de Tristán Suárez, en el partido bonaerense de Ezeiza, atraviesa una profunda consternación.
El impacto de su muerte no solo sacudió a sus vecinos, sino también a toda una comunidad cultural y educativa que la reconocía por su energía contagiosa, su entrega y su amor por el folklore.
Claudia estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y se desempeñaba profesionalmente en el Centro de Operaciones Municipales (COM) de Esteban Echeverría. Su día a día combinaba la vocación de servicio público con la dedicación al estudio y a su gran pasión: la danza tradicional argentina.
Era una figura activa en el Centro de Residentes Santiagueños “Andrés Chazarreta” de Esteban Echeverría, donde fue distinguida en su momento con el título de Donosa Santiagueña, un reconocimiento que también recibió su hija adolescente, con quien compartía el amor por las tradiciones. En sus redes sociales solía publicar imágenes y videos de presentaciones folclóricas, junto a momentos familiares llenos de afecto y orgullo.

En mayo, cambió la imagen de portada de su perfil por una fotografía en la que aparecía abrazada a su hija. Sus publicaciones transmitían una personalidad luminosa: hacía bromas, celebraba los logros cotidianos y dejaba ver el entusiasmo con el que vivía cada jornada.
La noticia de su asesinato dejó una marca imborrable entre sus seres queridos. “En cada acorde de zamba, en cada sonar de tradición, nos visitarás con tu mágica sonrisa y cálida compañía”, escribió Leo, un amigo cercano.
Otra de sus allegadas, Susy, compartió un emotivo video de Claudia bailando: “Seguramente era su última danza... ya no podré presentarte más en el escenario, mi bella Clau. Me duele el corazón”.