Luna, la joven de 22 años que quedó parapléjica tras ser baleada por menores en barrio Yapeyú, rompió el silencio y relató en primera persona cómo vivió el ataque que cambió su vida para siempre. En diálogo con Arriba Córdoba, describió el momento exacto en el que recibió el disparo y las dramáticas consecuencias que le dejó la herida.
“Nosotros teníamos un kiosco en casa, lo atendimos normal, estuvimos trabajando hasta las 3 y media de la madrugada. Después nos quedamos sentados en la puerta, preparando todo para cerrar, me siento en la mesa y ahí empiezo a sentir los disparos”, recordó. En medio del ataque, el impacto fue inmediato y devastador: “Cuando siento los disparos, automáticamente siento como que me caigo y dejé de sentir las piernas”.
La joven explicó que intentó sostenerse con los brazos, pero ya no tenía control del cuerpo. “Apoyándome con mis dos brazos sobre la mesa, pero ya no tenía fuerzas en las piernas. De la cintura para abajo ya tenía todo desvanecido”, relató.
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Su pareja, que estaba a su lado, advirtió la gravedad de la situación al ver la sangre y comenzó a pedir ayuda. Minutos después, con la asistencia de su hermana y un vecino, fue trasladada de urgencia al hospital.
Con el correr de las horas, los médicos confirmaron el peor diagnóstico. “En el momento no me explicaban bien qué era lo que me iba a pasar, simplemente que me habían destrozado la médula”, contó. Luego, una doctora fue directa: “Por la situación en la que llegaste, en un estado en el que no podías sostener las piernas, es muy probable que no puedas volver a caminar”.
Más allá del dolor físico, Luna hizo hincapié en el impacto emocional de la lesión: “Me parece una situación muy triste porque tengo una hija de un año y seis meses. No voy a poder volver a correr con ella, no la voy a poder llevar de la mano a hacer las compras”.
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La joven también reclamó justicia y pidió que los responsables paguen por lo que hicieron: “Quiero que paguen los chicos que hicieron esto, que sean condenados como se lo merecen. No quiero que estén dos meses y les tenga que volver a ver la cara cuando yo esté sentada en una silla de ruedas”.
Finalmente, agradeció el apoyo recibido y habló de lo que viene en su vida. “Quiero vivir tranquila. Solo espero salir pronto de este hospital, volver a ver a mi hija y afrontar esta situación, cómo seguir el día de mañana y cómo acostumbrarme a vivir con esto que ha cambiado mi vida para siempre”, completó.
Por el ataque, tres menores de entre 16 y 17 años fueron detenidos y enviados al Complejo Esperanza. Dos de ellos cuentan con un extenso prontuario delictivo pese a su corta edad. La causa continúa en investigación mientras la familia de Luna intenta reconstruirse tras una tragedia que dejó secuelas irreversibles.



