Las historias de Soledad Laciar y Eleonora Vollenweider son muy distintas porque lo que las llevó a luchar son hechos diferentes, aunque con un punto común: la violencia les arrebató lo más preciado, las vidas de sus hijos. Blas Correas fue víctima de la violencia institucional en manos de la Policía de Córdoba el 6 de agosto de 2020. Catalina Gutiérrez fue víctima de femicidio en manos de su amigo Néstor Soto el 17 de julio de 2024.
Comparten el mismo dolor, la misma sensación de estar “rotas” y aún así siguen de pie por sus otros hijos, por el amor y reconocimiento de otras personas que acompañan en este duelo eterno y, aunque la “mochila les pesa”, entienden que se transformaron en la voz de quienes se sienten invisibles ante el resto.
Ese dolor que es como una “puñalada en el pecho” hace que tengan mucho más en común que de diferentes.
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“¿Cómo era yo como mujer? Me sentía, me siento en una familia tranquila, feliz, tenía una familia muy linda que éramos cuatro y ahora me obligaron a ser tres. Nos complementábamos, vivís en un mundo que ahora extraño porque sé que no lo voy a volver a tener después de la muerte de Catalina. Son dos mundos diferentes, el antes ser todos y ahora ser tres”, comenzó Eleonora cuando la invitamos a recordarse antes del femicidio de su hija.
En el mismo sentido, Soledad aseguró que lo que les pasó las obligó a “aprender a valorar el segundito bueno que te pasa”. “Tengo mis dos nenas chicas y hoy las disfruto mucho más porque con todo el dolor digo: no sé hasta cuándo las tengo porque lo viví”, confesó.

Tanto Soledad como Eleonora ya no son las mujeres que fueron antes de los crímenes de sus hijos. Las dos cambiaron, a las dos las obligaron a cambiar, y en el Día Internacional de la Mujer ElDoce.tv quiso recordarles el valor que tienen por ser quiénes son, por defender sus luchas y por seguir viviendo la vida a pesar de que les hayan arrancado una parte de sí.
Luchas
Muchas veces, las dos mujeres se preguntaron si estaba bien hablar, si estaba bien exteriorizar su dolor, si estaba bien recordar a las víctimas y hacer que nadie olvide la cara de los asesinos. En concreto: si estaba bien seguir las luchas. Y solo encontraron como respuesta el sí seguir luchando.
“La muerte de Blas me hizo levantar la voz no solo por hablar en público, porque Blas fue un antes y un después en la violencia institucional”, sostuvo Laciar y advirtió: “Nunca me voy a callar cuando vea algo malo… es una mochila pesada pero que llevo con mucho orgullo. Hay gente que me dice ‘gracias, rezo por Blas…’ entonces ¿cómo no seguir la lucha? quiero seguirla y aunque no quisiera, creo que Blas me puso en un lugar, vino a cumplir una misión y la mía es continuar con la memoria”.
Por su parte, Eleonora admitió que se pregunta “¿qué hago yo con esto? ¿qué voy a hacer con todo este dolor?”. “Intento hacer cosas buenas, ojalá que esto sirva para algo, que se haya salvado una sola vida no me reconforta pero me siento contenta”, afirmó.
Soledad y Eleonora
Aunque las conocemos como “la mamá de Blas” y “la mamá de Catalina” mucho antes fueron Soledad Laciar y Eleonora Vollenweider, y aún lo son. Dos mujeres que jamás pensaron que iban a perder un hijo o una hija y que sus vidas se iban a transformar para siempre. Ambas se recuerdan felices, repletas de sueños y disfrutando la vida antes de los crímenes. Sin embargo, ahora reflexionan: “Merecemos sentirnos mal pero también tenemos derecho a estar bien”. “Estoy rota, estamos rotas”, coincidieron.
“No tiene sentido la muerte de Blas, no tiene sentido la muerte de Catalina”, subrayó Eleonora y Soledad reforzó que se trataron de “muertes innecesarias”. “¿Qué necesidad de que vivamos tanto dolor nosotras?”, cuestionó la mamá de la estudiante de Arquitectura y Laciar preguntó: “¿Por qué? ¿Qué se ganó? estoy segura de que Catalina y Blas no merecían morir así”. “Ojalá sirva la muerte de los dos”. “Ojalá encontremos el para qué”.


