Terminada la etapa de testimoniales y recolección de prueba en el jury contra los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro, una pregunta volvió a quedar en el centro del caso Nora Dalmasso: por qué no se investigó antes a Roberto Bárzola.
Bárzola es el parquetista que trabajaba en la casa de Villa Golf, en Río Cuarto, donde Nora fue asesinada en noviembre de 2006. Recién en 2024 fue identificado como dueño del ADN presente en el cinturón de la bata usado en el crimen y en el cuerpo de la víctima.
Entre los últimos testimonios del jury apareció una nueva tensión alrededor de un informe privado elaborado en 2007 por Mariana Azar Walker y su esposo Stephen Walker, un exagente del FBI ya fallecido. El trabajo había sido solicitado a una consultora de seguridad privada a través de Daniel Lacase, amigo de la familia Macarrón.
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El exfiscal General de Córdoba, Darío Vezzaro, declaró que ese documento nunca ingresó formalmente al expediente. “El informe nunca fue presentado de manera formal”, sostuvo durante la audiencia del lunes en la Legislatura. A su vez explicó que tomó conocimiento “de manera indirecta en una reunión informal con la abogada Azar”.
Por otro lado planteó que, al tratarse de un informe privado, no correspondía que él lo incorporara por su cuenta. “Si es un informe privado encargado, son ellos quienes deben presentarlo. Yo no podía”, señaló.
Qué dijo la investigadora
Sin embargo, Mariana Azar Walker dio una versión distinta en diálogo con Telenoche. La investigadora aseguró que el informe fue entregado directamente al entonces fiscal General en su oficina.
“Se lo entregamos en una reunión que tuvimos en la Fiscalía General, se lo entregamos en manos a él en su oficina de la Fiscalía General. Estaba él solo. Hablamos con Vezzaro un buen rato, él fue muy amable, se mostró hasta muy entusiasmado. En ese momento coincidió con nuestra hipótesis”, afirmó.
La diferencia no es menor. Según Azar Walker, aquel informe no solo existió, sino que además planteaba una línea investigativa concreta que, de acuerdo a su versión, nunca fue profundizada como correspondía.

La investigadora privada explicó que el informe apuntaba hacia los obreros que habían trabajado en la vivienda de Nora Dalmasso y, en particular, hacia Roberto Bárzola y su jefe de apellido González.
“Señalaba a Barzola y a González, y además descartaba todas las otras hipótesis: el crimen por encargo, a Rohrer, Magnasco, Gastón Zárate, y las razones por las cuales todas esas para nosotros no eran viables”, sostuvo Azar Walker.
En esa línea, remarcó que planteaban una hipótesis “que jamás se había tenido en cuenta de una persona que se situaba en la escena del crimen, que mentía en varios de sus testimonios, que entraba en contradicciones, y otros indicios de la escena del crimen que eran muy importantes”. Recalcó que esas personas eran Bárzola y su jefe.
Una pista perdida
Diego Estévez, que hasta 2016 fue abogado querellante en representación de María Delia Grassi, madre de Nora Dalmasso, y de Juan Dalmasso, hermano de la víctima, también aseguró que desde 2007 pedían investigar a Bárzola.
“Yo le insistí a fiscalía y lo reclamaba públicamente, que los fiscales debían priorizar en su línea de investigación a quienes habían estado trabajando en la casa de Norita, entre ellos el señor Barzola”, afirmó en Telenoche.
Para Estévez, había elementos que justificaban profundizar esa línea. “Bárzola fue el único de los trabajadores que, según las declaraciones que hizo, había estado a la mañana temprano y que no había podido entrar a la casa, etcétera”, señaló.

Además, marcó otro dato que consideraba llamativo. “A los pocos días de ocurrido el homicidio de Nora, Bárzola había desaparecido de Río Cuarto y aparecía como trabajando en Venado Tuerto. Es decir era el único de todos los trabajadores que de alguna manera se había rajado, lo cual era sospechoso”, sostuvo.
Durante casi dos décadas, la causa tuvo como imputados al pintor Gastón Zárate, al hijo de la víctima, Facundo Macarrón, y al viudo Marcelo Macarrón. Todos fueron sobreseídos. En paralelo, la pista de los trabajadores de la casa quedó atravesada por idas y vueltas, informes privados y discusiones sobre qué se investigó y qué no.
El ADN clave
El dato que volvió a poner a Bárzola en el centro fue el ADN. Las pruebas del FBI llegaron en noviembre de 2011 y, según declaró Vezzaro, él las recibió y las remitió a Di Santo, que todavía era el fiscal a cargo de la investigación.
De acuerdo con esa documentación, el informe sugería distintas líneas de investigación, entre ellas la necesidad de profundizar sobre los trabajadores que habían estado en la casa, incluido Bárzola.

Cuando llegaron esas muestras, apareció un patrón genético diferente al de la familia Macarrón. Sin embargo, durante años no se realizó la comparación que terminó siendo clave.
Recién con la llegada del fiscal Pablo Jávega se tomaron nuevas muestras, entre ellas la de Bárzola. Esa comparación permitió detectar su presencia genética en elementos vinculados a la escena del crimen.
Por eso, el jury volvió a exponer una de las grandes incógnitas del caso Dalmasso: si existía desde 2007 una hipótesis que señalaba al parquetista, si el FBI también recomendó investigar a los trabajadores y si finalmente el ADN terminó vinculando a Bárzola con elementos de la escena, por qué esa pista no avanzó antes.



