El Tribunal Oral Federal de Jujuy condenó a 17 años de prisión al gendarme Walter Álvarez por el crimen de Ivo Torres, un estudiante de turismo de 22 años que murió de un tiro por la espalda durante una persecución en La Quiaca. El hecho ocurrió el 6 de febrero de 2025 en la zona de la frontera con Bolivia. Álvarez ya había sido declarado penalmente responsable por homicidio con dolo eventual el pasado 8 de junio y este miércoles se conoció el monto de la pena.
El Ministerio Público Fiscal había pedido 18 años de prisión, mientras que la querella de la familia solicitó 22. La defensa, en cambio, reclamó el mínimo de la escala penal: 8 años. La persecución se extendió por más de tres kilómetros y duró cerca de seis minutos en la zona conocida como La Ladrillera. Según la acusación, Torres cruzó la frontera en moto por un paso no habilitado con 30 kilos de hojas de coca en una mochila cuando fue divisado por una patrulla del Escuadrón 21 de Gendarmería Nacional.
Durante el operativo, Álvarez realizó tres disparos que la fiscalía calificó como disuasivos. Después de eso, su superior le ordenó cesar el fuego, pero el gendarme desobedeció y efectuó seis tiros más. Dos de esos disparos impactaron en Torres: uno en el tobillo y otro que atravesó la mochila, los paquetes de hojas de coca, ingresó por la espalda, perforó la región pulmonar y salió por el pecho. Esa herida fue mortal.
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El fiscal federal Federico Zurueta sostuvo durante el juicio que Torres no estaba armado y que no representaba una amenaza. “Ivo solo miraba hacia atrás, no hubo indicio de que estaba armado, solo llevaba hojas de coca, unos chocolates y unos turrones”, señaló. Para la fiscalía, el accionar de Álvarez fue doloso porque conocía los protocolos de uso de armas, había sido advertido de no disparar y aun así continuó con los tiros. “Tenía sobrados motivos para repensar su conducta, pero hubo una instancia en seguir”, afirmó Zurueta.
El representante del Ministerio Público Fiscal también remarcó que el acusado tenía 18 años de trayectoria en la fuerza y formación en el manejo de armas. “Era un experto en el manejo de armas, no fue un disparo impulsivo ni un error gigante como afirmó”, agregó. Durante el debate, los otros gendarmes que iban en el móvil coincidieron en que Álvarez fue el único que sacó su arma reglamentaria y disparó. Además, el tribunal valoró imágenes de cámaras y una inspección ocular realizada en el lugar del hecho.
La fiscalía había pedido que se lo condenara por homicidio agravado por abuso de sus funciones y uso de arma de fuego, una figura que podía derivar en prisión perpetua. La querella también había solicitado que se aplicara el agravante de alevosía. La defensa, en cambio, planteó que se trataba de un homicidio con exceso en el cumplimiento del deber o, de manera subsidiaria, un homicidio culposo.
Finalmente, los jueces Domingo Batule y Diego Matteucci declararon a Álvarez responsable de homicidio simple con dolo eventual. La jueza Alejandra Cataldi votó en minoría por la calificación de homicidio agravado por abuso de funciones.



