Cuenta la anécdota que hace algunos años un reconocido docente de Río Tercero vino a Córdoba a hacer unos trámites. De la ruta 36, tomó Vélez Sarsfield, siguió por Cañada. Cuando llegó a la Costanera se metió al revés: cruzó el río y dobló a la izquierda pensando que de esa manera llegaría al Cerro de las Rosas. Las bocinas y los gritos no se hicieron esperar.
“¡Esta costanera está al revés!”, vociferó. Pegó un volantazo y huyó despavorido para nunca más volver a manejar por las márgenes del Suquía.
No fue ni la primera ni la última vez que el sentido de circulación de la Costanera confundió a un automovilista. Las manos son inversas si la comparamos con cualquier avenida o con la Cañada.
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La obra tiene además otra particularidad: el carril rápido no existe. Tal como lo indica la normativa vial, en avenidas corresponde adelantarse por la izquierda. En la arteria que bordea el río, resulta peligroso porque del lado izquierdo están las calles que la cruzan. En horas pico, se hace casi imposible.
La razón de esta rareza está en el origen de la avenida: la Costanera fue pensada como una continuación de la calle Humberto Primo. Por eso, el sentido de la margen sur va del centro hacia Alberdi.
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“El río era un enorme basural, estaba degradado totalmente. Había una demanda de la ciudadanía de que esto se revirtiera”, revela Guillermo Irós, secretario de Desarrollo Urbano durante la intendencia de Ramón Bautista Mestre.
Por pedido de Mestre, Irós reunió a un grupo de arquitectos especializados para discutir qué hacer con el río. El desafío era grande, pero los recursos escasos: “Todos los meses era un drama pagar los sueldos. Había que ir de a poco. El intendente nos pidió que empezáramos, aunque sea por cien metros, y así fue”, recuerda.
Los dos periodos de Mestre terminaron con 14 kilómetros de cada lado. La obra fue completada en 1994 por Rubén Américo Martí.
Una anomalía consolidada
El hecho de que la Costanera se haya construido por tramos contribuyó a que la gente se acostumbre al sentido de circulación invertido. Con el tiempo fue cobrando fuerza el mito de que sólo en esa avenida se podía pasar por el carril derecho. “Eso no está en ninguna norma. Sería muy riesgoso realizarlo”, dice Guillermo Pacharoni, abogado especializado en seguridad vial.
Ante la consulta sobre la posibilidad de cambiar la circulación, Pacharoni advierte: “No es factible. Significaría un costo innecesario, sobre todo porque el cordobés ya la incorporó así. Habría que rever los ‘rulos’ el sentido de las calles y los accesos al microcentro. No es conveniente ni recomendable”.
Sobre este punto, Guillermo Irós dice que sí se pueden modificar las manos, pero sugiere no hacerlo. “Habría que repensar los desvíos que pasan por debajo de los puentes y algunas salidas ensanchadas. Sería un sinsentido”.
“Decir que está al revés es un error de concepto. Las dos calles están a una distancia importante. Es como dos calles urbanas que tienen una manzana en el medio”, aclara.
“No hay que cambiarla, así funciona bien”, concluye el especialista que la ideó e impulsó. Ante el legado de semejante obra, comenzada en tiempos tan desafiantes para el país, quizás esta vez sea mejor dejar las cosas como están.