Una mujer de 94 años recuperó la propiedad de su casa en Chascomús después de que la Justicia revocara la donación que años atrás había realizado a dos vecinos de confianza.
La mujer, identificada en el expediente como E.R.B., no tiene hijos y vivía sola. Con el paso del tiempo comenzó a necesitar ayuda y una vecina empezó a asistirla con trámites y otras tareas cotidianas.
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En 2018 ingresó a un geriátrico y, preocupada por dejar vacía su vivienda, decidió donar el inmueble a esa mujer y a su pareja. La escritura se firmó el 20 de julio de 2019, aunque la propietaria conservó el usufructo.
Según quedó acreditado en el expediente, después de la donación las visitas disminuyeron y la mujer dejó de recibir el acompañamiento que necesitaba.
La Justicia consideró que hubo “ingratitud”
La situación cambió en 2022, cuando amigas de la mujer intervinieron y una de ellas la retiró del geriátrico para acompañarla.
Más tarde, E.R.B. reclamó a los beneficiarios de la casa una colaboración económica para su manutención. Primero envió una carta documento y luego inició una demanda por alimentos.
Ante la falta de una respuesta satisfactoria, en marzo de 2023 presentó una acción para revocar la donación por ingratitud.

La Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial Dolores confirmó el fallo de primera instancia y consideró acreditado que los beneficiarios se negaron injustificadamente a brindarle asistencia.
Los jueces remarcaron que el concepto de “alimentos” no se limita a la comida, sino que también comprende cuidado personal, atención y asistencia médica, especialmente en una persona mayor y en situación de vulnerabilidad.
Con ese criterio, el tribunal aplicó las normas del Código Civil y Comercial que permiten dejar sin efecto una donación por ingratitud.
De esta manera, la vivienda volvió al patrimonio de la mujer. Según se conoció, dejó establecido mediante testamento que en el futuro la propiedad quede para la amiga que la acompañó y ayudó a salir del geriátrico.



