La muerte de un niño de 10 años en Fiambalá, Catamarca, volvió a poner el foco sobre la Naegleria fowleri, conocida como la ameba “come-cerebros”.
El menor murió por una meningoencefalitis amebiana primaria (MAP) durante su internación en el Hospital Interzonal de Niños Eva Perón. El diagnóstico fue confirmado por el Laboratorio Nacional de Referencia ANLIS-Malbrán mediante una prueba de PCR.
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Por el momento, las autoridades sanitarias consideran que se trataría de un caso aislado y no identificaron otros contagios relacionados.
La Naegleria fowleri es una ameba de vida libre que puede encontrarse principalmente en aguas dulces templadas o calientes, como lagos, ríos, estanques y aguas termales.

La infección ocurre cuando el agua que contiene el microorganismo entra por la nariz. Desde allí puede desplazarse a través de la zona olfatoria hasta llegar al cerebro. No se contrae por beber agua contaminada ni se transmite de una persona a otra. Tampoco existe contagio por gotículas o aerosoles.
Los casos suelen estar asociados a actividades como nadar o bucear en aguas dulces cálidas. También se registraron infecciones vinculadas con el uso de agua contaminada para lavados nasales y, en situaciones muy poco frecuentes, con instalaciones acuáticas que no tenían una desinfección adecuada.
Cuáles son los síntomas
El período entre la infección y la aparición de los síntomas puede extenderse entre tres y 14 días. Los primeros signos pueden incluir dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos, síntomas que pueden confundirse con los de otras enfermedades.
Con el avance del cuadro pueden aparecer rigidez en el cuello, confusión, pérdida de equilibrio, convulsiones, alucinaciones y coma.
La ameba puede provocar una inflamación severa y daño en el tejido cerebral. La evolución suele ser rápida y la enfermedad presenta una tasa de mortalidad cercana al 95%, de acuerdo con la información aportada. Desde 1962 se informaron menos de 500 casos en todo el mundo.

Aunque existen personas que lograron sobrevivir después de recibir combinaciones de medicamentos, la baja frecuencia de la infección y su rápida evolución dificultan tanto el diagnóstico temprano como el tratamiento.
Ante síntomas como fiebre, vómitos, dolor de cabeza intenso o rigidez de cuello después de haber estado en aguas dulces cálidas, la recomendación es buscar atención médica de inmediato.



