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Lunes 22 de Agosto de 2022

Betty Olave en el Sargento: “Es la casa de La Mona”

La historia del primer Sargento de La Mona, su amistad con la familia Jiménez y cómo vivió este baile histórico para su hijo Ulises.

*Por Dahyana Terradas

Ulises Bueno fue el encargado de abrir las puertas del Sargento Cabral después de dos años y medio cerrado por la pandemia. Pero además, fue un show especial para él ya que fue el último en Córdoba antes de su operación de garganta. 

Y ahí estuvo su mamá para acompañarlo, sentada durante todo el show en el escenario. Aunque hace tan solo un año fue operada de la cadera tras una caída, no se priva de bailar sentada al ritmo de sus canciones. "Estar en la casa de La Mona es un gran privilegio para nosotros", responde.

Hace más de 30 años que Betty no pisaba ese lugar que fue parte de su propia historia personal. Desde los once años es amiga de la familia de Carlitos Jiménez y cuenta que iba a los bailes con Rodrigo, Flavio y Ulises en la panza. 

Al entrar, se le viene a la mente el primer Sargento de La Mona, el 7 de abril de 1984, cuando recién se iba del Cuarteto de Oro y se lanzaba como solista. "Invitaba a la gente desde unas sillas de lata. Cuando vino a la noche se tapó los ojos para entrar y me preguntaba si había alguien, y cuando vio toda la gente dijo: 'La que lo parió' de la alegría que le dio", recuerda con claridad.

+ VIDEO: La entrevista con Betty Olave:

Hoy le toca estar ahí para hacerle el aguante a su hijo, quien también hizo su aporte a la historia. "Lo veo bien, lo veo preparado. Por supuesto que va a extrañar un poco, pero lo veo contento. Charlamos mucho, todavía, a pesar de que es grande, ya no es el bebé, mi ternurita como yo le digo", explica sobre su relación con Ulises. 

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Y en ese desfile de recuerdos que pasan por su cabeza cuando recorre el lugar con sus ojos desde una silla, la imagen del Potro está siempre. "Todo el día Rodrigo está al lado nuestro, no lo siento ausente", dice. 

Para ella, sus hijos son totalmente distintos. "En común solo tienen lo aferrados a la madre y cariñosos, pero en el estilo son totalmente distintos". 

Betty no está ahí solo para acompañar a su hijo más chico. Disfruta el baile tanto como todos los bailarines allí presentes. Siente la música, cierra los ojos mirando al cielo y canta las canciones con el corazón.

"Al cuarteto lo llevo en la sangre, me encanta. Es mi vida y creo que es el bálsamo para el alma. Hay remedios para la tos, para la cabeza, la garganta. Pero para el alma es un bálsamo muy agradable el cuarteto cordobés", expresa.

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