El fútbol cordobés despide de la práctica profesional a uno de los representantes más extraños en su historia. Se trata de Wilfredo Olivera, uno de los pocos que ascendió tanto con Talleres como con Belgrano y quizás el único que tiene tatuajes de los dos en su cuerpo.
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El recio zaguero se retiró a los 38 años tras un último paso por otro equipo de la Docta, Racing de Nueva Italia. Lejos de los flashes y fiel a su perfil bajo, “Willy” colgó los botines tras casi 15 años de trayectoria, según informó La Voz.

El defensor fue importante tanto en Talleres como en Belgrano y lleva tatuadas en su cuerpo las fechas de los ascensos con ambos clubes. En la T formó parte del plantel que subió desde el Federal A hasta la máxima categoría del fútbol argentino, entre 2015 y 2016. Con la camiseta albiazul jugó 36 partidos y marcó cinco goles.

En 2022, salió campeón de la Primera Nacional con el Pirata y ascendió a la Liga Profesional luego de una campaña histórica, en la que participó en 15 encuentros. En la B forjó una gran amistad con el goleador Pablo Vegetti, al punto que es el padrino del segundo hijo del delantero de Cerro Porteño.
Surgido de Libertad de Sunchales, Olivera tuvo pasos por Quilmes, Colón, Atlético de Rafaela, Sarmiento de Junín, Guillermo Brown de Puerto Madryn, San Martín de Tucumán y una última experiencia en Racing de Nueva Italia.







