13 de marzo de 2013, una fecha que quedó grabada a fuego en los hinchas de Talleres y de Belgrano y en la feligresía católica alrededor del mundo, en especial en la argentina. Por un lado, Jorge Bergoglio asumía como Papa bajo el nombre de Francisco I en El Vaticano, tras la renuncia de Benedicto XVI; por el otro, Córdoba se paralizaba por una nueva edición del clásico cordobés por los 32avos de final de la Copa Argentina.
El contraste era muy marcado: mientras el Pirata era protagonista en el torneo de Primera División y luchaba por clasificar a copas internacionales, el Matador deambulaba por el Torneo Argentino A, la tercera categoría del fútbol argentino.
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Era tal la diferencia futbolística en los papeles que muchos hinchas de Belgrano “se fueron de mambo” y fogonearon una cargada que se volvió viral en las redes sociales. Difundieron el hashtag #EntrenamientoPago, en clara burla a la aparente falta de jerarquía del plantel albiazul.
Para ese partido, el equipo dirigido por el Ruso Zielinski alineó un once titular: Juan Carlos Olave; Renzo Saravia, Luciano Lollo, Sergio Rodríguez, Juan Quiroga; Iván Etevenaux, Guillermo Farré, Esteban González, Martín Zapata; Lucas Melano y Víctor Aquino.
En contrapartida, Cacho Sialle alineó una formación alternativa: Diego Aguiar; Rodrigo Chávez, Jorge Massena, Elías Bazzi, Ceferino Santos; Gastón Bottino, Favio Álvarez, Nery Leyes, Ivo Hongn; Alexis Olivera y Gonzalo Klusener.
Para sorpresa de los tiempos actuales, el estadio Mario Kempes no lució repleto aquel miércoles lluvioso de marzo. Ni cerca estuvo de lucir colmado. Poco más de 35 mil personas desafiaron el agua y alentaron a sus respectivos equipos.

Sumado al discreto marco de público, regía una prohibición de llevar instrumentos y banderas de gran porte, por lo que las tribunas lucieron “peladas”, aunque ambas hinchadas se las ingeniaron para darle color a la noche.
El recibimiento demostró qué parcialidad había ido más motivada al Kempes debido a su actualidad futbolística: la popular Artime lució cerca de 10 mil banderitas de plástico que le dieron un marco imponente a la tribuna de Belgrano.
Sin embargo, en la cancha todo se emparejó: la B intentaba marcar el ritmo del partido y Talleres dejaba el alma y el corazón para bancar la parada. Los minutos iban pasando y aunque el Pirata dominaba, no llegaba con claridad. Por su parte, la T acechaba, sabiendo que una le iba a quedar. Y ese momento llegó.
A los 23 minutos del segundo tiempo, Rodrigo Chávez lanzó un centro perfecto desde la derecha y Gastón Bottino anticipó a Lollo con una volea para dejar sin chances a Olave y desatar el carnaval en la hinchada albiazul.
El golpe fue casi de nocaut y la popular Willington pasó a ser una fiesta, con decenas de bengalas desplegadas en medio de un frenesí matador que fue total cuando el árbitro Juan Pablo Pompei dio el pitazo final. La locura se apoderó de los matadores presentes mientras que la desazón fue total entre los piratas, que se fueron masticando bronca del Kempes.
A partir de esa noche llovieron las cargadas por el #EntrenamientoPago y la gesta de los suplentes de un plantel de la tercera categoría alcanzó niveles heroicos, llegando a conocerse hasta estos días como el “Bottinazo”.

Cara a cara
En el marco de un clásico que incluye 407 partidos, Talleres y Belgrano se enfrentaron en 20 “mata-mata” oficiales, dentro de 260 cruces “por los porotos”. En ese contexto,el Matador se impuso en 13 oportunidades y el Pirata en otras siete.







