Enero de 2001. Belgrano atravesaba una delicada (por no decir caótica) situación deportiva e institucional. A principios de mes el DT Carlos Biasutto había renunciado, el club adeudaba sueldos a los jugadores, la estructura del club era muy frágil y el equipo luchaba por mantenerse en Primera.
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El 29 de enero fue el día en que Gustavo Alfaro asumió como DT del Pirata. “El Cazador de Utopías” estaba lejos de eliminar a Alemania del Mundial con su aguerrido Paraguay y afrontaba su primera experiencia como técnico de un equipo de Primera División.
Su llegada a Alberdi no fue fácil: en la primera práctica recibió la visita de la barrabrava, encabezada por el histórico Roberto “Loco Tito” Ponce. Para peor, en una pared de un maltratado Gigante de Alberdi apareció una pintada en su contra: “Andate Alfaro, Belgrano te queda grande”. Los indicios no eran alentadores.


Fiel a su estilo, Alfaro ya mostraba su sello filosófico en sus declaraciones. “Tengo la intención de aprovechar al máximo la oportunidad de dirigir en Primera División. Vengo a cristalizar un sueño que me propuse cuando me decidí por la profesión de entrenador y que no había podido cumplir como jugador”, expresó en una entrevista a La Voz.
“El fútbol es uno solo, lo que cambia es la jerarquía de quienes la juegan. La presión no debe invalidarte en tus conceptos y todo pasa por que no te impida la capacidad de dirigir. Creo más en la inteligencia que en la experiencia”, indicó en aquel entonces.

En total, el “Profesor” dirigió 14 partidos, con dos victorias, cinco empates y siete derrotas. Uno de esos triunfos fue un recordado 1 a 0 en el clásico con Talleres, el 14 de febrero. Julio López marcó el tanto de tiro libre.

Sin embargo, el ciclo de Alfaro en Belgrano fue decididamente malo por lo que renunció el 29 de abril luego de una derrota 2 a 1 ante Huracán en Alberdi, bajo una amarga lluvia.
“Esta determinación no es apresurada, había resuelto renunciar si perdía y seguir en el resultado era otro. ¿A la gente? No se le puede decir nada porque aguantó siempre, nos alentó en todo momento y está en los buenos y malos momentos", fueron las últimas palabras de Alfaro en Córdoba.

Luego Carlos Ramacciotti enderezó el barco y llevó al equipo a la Promoción ante Quilmes, en la que la B logró mantener la categoría con un agónico tanto de Julio Mugnaini en los últimos minutos del partido de vuelta en Alberdi. Después vino la quiebra y el descenso a la B Nacional, pero eso ya es otra historia, muy lejana a la utopía cazada por el Profe Alfaro con Paraguay.







