Mientras se habla de guerras posibles, de bombardeos que sobrevuelan como fantasmas y de un régimen dictatorial, los chicos juegan. En la frontera entre Venezuela y Colombia, lejos de los escritorios del poder y cerca del polvo de la cancha, una pelota rueda. Allí, donde las noticias gritan y el mundo tiembla, ellos bajan el volumen del odio con un pase corto. Enviados de El Doce registraron el emotivo momento para Telenoche.

La escena tiene algo de milagro cotidiano. Niños venezolanos y colombianos comparten una camiseta imaginaria y aceptan un desafío simple, casi infantil: elegir entre Messi y Maradona. La mayoría no duda. “La Mano de Dios la hizo Maradona”, dicen. Otro, más tímido, elige a Lío y explica sin vueltas: “porque me gusta, pues”.
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En ese rectángulo de tierra no hay banderas enfrentadas, sino risas cruzadas. Mientras en Caracas resuenan el eco de la continuidad del régimen chavista y la presión de Estados Unidos, estos chicos se pasan la pelota. El fútbol, ahí, no es un juego: es un refugio.
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Rubén, el entrenador, lo dice con la voz cansada pero firme ante la pregunta de Jorge Cuadrado: “Estamos haciendo un video de sensibilización entre los países hermanos de Colombia y Venezuela para mitigar la situación, el conflicto y todo lo demás. Es una situación muy preocupante, muy intrigante y por medio del fútbol todo se puede”. Cuenta que él y dos más son colombianos; el resto, venezolanos. Pero en la cancha, aclara el silencio, eso no importa.

Los niños muestran sus destrezas y algunos realmente la rompen: jueguitos, risas, una pelota que no quiere tocar el suelo. Uno de ellos la detiene en el aire, suspendida, como un verdadero crack.
Tal vez por eso la imagen duele y alivia a la vez. Porque mientras la violencia los rodea, los niños responden con un pase, una gambeta y una frase simple.



