Se excedió el primer ministro británico con su respuesta al discurso de Javier. En definitiva, lo que anunció el presidente argentino fueron sanciones económicas y financieras a las empresas que inviertan en la explotación del petróleo en el mar que rodea a Malvinas. Pero la respuesta de Andy Burnham fue que las fuerzas armadas británicas siempre están preparadas para responder cualquier amenaza.
Es cierto que en el anuncio de Javier Milei también hubo una alusión militar: la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. Aún así, la referencia amenazante del premier británico fue más explícita.
En todo caso, se perdió la oportunidad de responder con el oro del Banco Central argentino que el ministro Luis Caputo envió a Londres en el año 2024, diciendo que en las bóvedas locales no producían rendimientos financieros. Desde entonces, lingotes de oro argentinos están bajo custodia del Banco de Inglaterra. Una señal de que también el Reino Unido tiene armas para la guerra económica que anunció Milei.
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El presidente argentino hizo ese anuncio pare volver al centro del escenario, superando varios meses de liderazgo desdibujado y de fuertes críticas a ciertos resultados negativos del plan económico. El tema Malvinas unifica a los argentinos, incluso en boca de un presidente que nunca lo había tenido en cuenta, que había apoyado la tesis británicas de que la voluntad de los kelpers es definitoria en el tema, que abandonó la política de estado de considerar el hundimiento del crucero General Belgrano como un crimen de guerra para pasar a considerarlo un simple “acto de guerra” y que horas antes del mensaje por cadena nacional había elogiado en Chile el golpe de estado que dio Pinochet y los resultados económicos de aquel dictador que en la guerra de 1982 había brindado colaboración estratégica a las fuerzas británicas.
El giro copernicano de Milei no tiene que ver con la explotación del petróleo que hay en el mar que rodea las islas. Hace tiempo que se sabe de las inversiones petroleras en el Atlántico Sur. Lo nuevo es el enojo de Donald Trump con los europeos en general y con Reino Unido en particular. Una furia que podría cambiar si, como bien puede ocurrir en un sistema parlamentario como el británico, se adelantan las elecciones y gana Nigel Farage, ultraderechista y amigo personal de Trump, o si volvieran los conservadores trumpistas al 10 de Downing Streat.
La actual postura de Trump, que abre una posibilidad de ponerse del lado del reclamo argentino en la disputa del Atlántico Sur, fue sugerida en un documento interno del Pentágono que, en abril, aconsejó a la Casa Blanca amenazar a los aliados que se negaron a apoyar su guerra contra Irán. En ese documento del Pentágono se sugiera amenazar al Reino Unido con un cambio de la posición norteamericana sobre la cuestión Malvinas.
Milei está convencido de que Trump lo apoyará siempre por su amistad y porque él puso el país en el Escudo de las Américas, algo más parecido a la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada contra las izquierdas en la década del setenta, que al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que Ronald Reagan dejó de lado para apoyar a Londres en la guerra de Malvinas.
Otros no estarían tan seguros. Las posiciones del magnate neoyorquino son volátiles. Bien lo sabe María Corina Machado.