El Nobel de Economía deja a la vista las diferencias entre Donald Trump y los líderes conservadores que, en otras partes del mundo, se identifican con él al mismo tiempo que reivindican la ideología libertaria.
Michael Woodford y Robert Hall recibieron el galardón nórdico por sus aportes a los bancos centrales del mundo para implementar políticas monetarias que estabilicen la macroeconomía.
Para la Academia Sueca de Ciencias, los trabajos de estos académicos de las universidades de Stanford y Columbia se constituyeron una base teórica estable utilizada por muchos bancos centrales y ministerios de Finanzas en el orbe. Pero aunque menos que el Nobel de la Paz otorgado a la jurista sudafricana Navi Pillay, la distinción a ambos economistas disgusta a Donald Trump. Ocurre que el modelo que proponen ambos economistas choca de lleno con la forma con lo que el jefe de la Casa Blanca espera de la Reserva Federal, que es la autoridad monetaria en Estados Unidos.
Ni Woodford ni Hall aprueban e enfoque mercantilista y proteccionista ue hace chocar a Trump con las autoridades de la FED por cuestionar la independencia del ente que rige la política monetaria en Estados Unidos.
Por razones diferentes, los ganadores del Nobel también son cuestionados por los economistas libertarios. Lo que Woodford explica en su libro “Intereses y precios”, así como los escritor de Hall sobre las fluctuaciones cíclicas y también sobre el mercado laboral, son considerados pilares del neokeynesianismo, algo que el libertarismo detesta.
Para los libertarios, es un error considerar que los modelos matemáticos de equilibrio y los técnicos puedan predecir y corregir los ciuclos económicos. Para la visión ideológica de la economía que profesa el presidente argentino Javier Milei, entre otros, es el orden espontáneo del libre mercado el que debe corregir las fricciones y los ciclos.
Para los libertarios, el enfoque de Woodford y de Hall contribuye falazmente a justificar la existencia de los bancos centrales, mientras que, en la visión de Murray Rothbard y otros exponentes de esa corriente económico-ideológica, esas instituciones deben desaparecer.
De tal modo, tanto en la Casa Blanca como en la Casa Rosada y en los equipos que se preparan para desembarcar en el Palacio del Planalto, si el ballotage reconfirma el 25 de octubre el resultado de la primera vuelta, la noticia sobre el Nobel de Economía seguramente no fue recibida con aplausos y aprobación.



