“Si yo hubiera estado en las boletas, el partido republicano habría ganado por goleada”. Una fanfarronería burda, que no sorprende en un personaje de arrogancia grotesca. Pero tranquilizadora, viniendo de Donald Trump y siendo su primer reacción a una derrota aplastante. Muchos temían que su primera reacción fuese gritar “fraude” y reclamar la anulación de las elecciones medio término. Por eso resultó un alivio escuchar al magnate neoyorquino dar otra muestra negligente de su egolatría, pero de una manera que parecía aceptar su contundente derrota.
La fanfarronería es engañosa. Fue una forma de desligarse del fracaso electoral, poniendo la causa en los candidatos republicanos arrasados en las urnas. Nadie duda en Estados Unidos y en el mundo que el derrotado fue Trump. El propio jefe de la Casa Blanca llevaba meses diciendo que las elecciones de medio término eran en realidad un referéndum sobre su gestión. Además, recorrió el país encabezando actos proselitistas.
Está claro que los norteamericanos votarían por Trump o contra Trump. Votaron en contra.
La regla en la política norteamericana es que los electorados buscan equilibrios entre oficialismo opositor. Por eso la regla es que si un partido controla la Cámara de representantes, al Senado lo controle el otro partido. Que una sola de las fuerzas controle ambas cámaras es una rara excepción. Y eso fue lo que ocurrió. Por lo tanto, el resultado de estos comicios que el propio jefe de la Casa Blanca planteó como un examen a su gobierno, fue un contundente aplazo.
Las razones parecen estar a la vista. Sobresale entre ellas la mal calculada guerra contra Irán y sus calamitosos resultados para la economía norteamericana y global. No obstante, lo más alentador sería que, aún si hubiera tenido los resultados prometidos en ese conflicto y sin el encarecimiento del combustible y del costo de vida, la sociedad norteamericana habría votado como votó, porque en ese caso, habría votado a favor de recuperar el sistema político que Trump lleva dos años debilitando: la democracia liberal.
Lo dijo The New York Times en su editorial sobre el gobierno ultraconservador del magnate neoyorquino. “El país comienza a deslizarse hacia la autocracia”. En esa nota editorial, ese diario, uno de los más prestigiosos de Estados Unidos y del mundo, explicó que Trump era visiblemente “corrupto” e “incompetente”, además de cometer “abuso de poder”.
Es difícil saber cómo será el Trump castigado por las urnas. El líder que intentó un golpe de Estado aquel 6 de enero que dejó una mancha en la historia de Estados Unidos, podría actuar como un león acorralado y lanzar zarpazos al sistema que acaba de decirle “basta”. Podría patear aún más fuerte el tablero internacional y generar sismos económicos aún más destructivos de los que generó con sus aranceles y guerras. Pero también es posible que esta reacción de la democracia liberal despierte el ala moderada del Partido Republicano y sea la propia derecha norteamericana la que comience a “destrumpizarse” y a contener los desmanes y caprichos del millonario que lo había convertido en una más de sus propiedades.
De momento, lo único claro es que la democracia dijo “stop” al hombre que la estaba desarticulando.



