La visita de Rosalía a Otro día perdido tuvo algo de ritual y algo de electricidad, un encuentro en el que la cantante dejó ver su mundo creativo mientras desparramaba complicidad con Mario Pergolini. Llegó en pollera con saco blanco y se sentó lista para la conversación. Sonrió y aclaró, casi a modo de confesión: “Me hice este look 10 minutos antes de entrar aquí… Esto lo he usado muchas veces con diferentes combinaciones”. Su presencia llenó el estudio y fue el puntapié para una charla que viajaría desde el flamenco hasta el tango, desde Barcelona hasta Buenos Aires.
Cuando Pergolini quiso saber cómo construye su música, Rosalía no dudó. “Mi instrumento principal es la voz, compongo a partir de la voz. Produzco, hago arreglos, hago loops”, explicó. Sobre Lux, su álbum multilingüe, reveló que el proceso fue largo y minucioso: “Me llevó tres añitos hacer este disco… Tenía una mesa llena de libros. Tenía un libro de tangos. Me ayudó estar mirando trabajos de Carlos Gardel”. También se detuvo en lo que considera el corazón del género popular: “La mejor cualidad del pop es que corte… Yo tengo la ambición de experimentar con la música pero con esa ilusión de que pueda cortar”.
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A medida que avanzaba la charla, Argentina se volvió un faro recurrente. Rosalía habló de Piazzolla —“De repente estar escuchando Piazzolla”— y de las conexiones profundas entre tradiciones musicales: “La tragedia que hay en el flamenco la puedes encontrar en el tango y en el fado”. También recordó su vínculo con Björk, mediado por un amigo cercano: “Con Björk nos conocimos porque Guincho es un amigo en común… Ella tiene una forma de pensar muy curiosa”. Y se reconoció exigente: “Sí, soy perfeccionista”.
El conductor, intrigado por su relación con la exposición pública, le preguntó cómo la sobrelleva. Ella respondió con serenidad: “Pienso que es un trabajo como cualquier otro. Tiene sus partes buenas y sus partes no tan buenas… Intento no sobrepensar”.
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Luego habló de sus influencias sin fronteras: “Mi sueño era hacer discos como Camarón de La Isla… Me hace falta Bach, Wagner, Vivaldi, Beethoven”. También confesó su conexión espiritual de su nuevo disco: “Es un proyecto inspirado en el misticismo, una muestra de respeto a esas mujeres que son monjas a una causa. Para mí hay esa conexión”.
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Hubo un tramo especialmente luminoso cuando habló de músicos argentinos: “Me encanta Milo J… Me gusta Emilia, Nathy Peluso escribe muy bien, tiene unas barras de fuego”, dijo, para luego sumar otro nombre que admira, el del boricua Bad Bunny: “Él es muy talentoso”, dijo. Recordó además el fervor local: “Cuando vine aquí por primera vez vi una masa de gente cantando y devolviendo energía. En mi vida había visto esto”. Y aunque evitó certezas sobre giras, dejó abierta una puerta: “Yo creo que hay discos que se puede girar y hay discos que no… ojalá”.
El cierre tuvo un momento futbolero que encendió la conversación. Cuando Pergolini mencionó la rivalidad con Brasil, Rosalía respondió con picardía: “Pero si lo tenéis a Messi… Me encanta Messi. Saludos a Messi”, para luego intentar pacificar: “Ole Brasil y ole Argentina”. Y como broche final, recibió una camiseta de Boca Juniors, la levantó y la hizo volar entre risas.