Paulo Londra volvió a su casa después de seis años y, en medio de la emoción por el reencuentro con su gente, se animó a un ping pong imperdible con El Doce. Relajado, sonriente y más local que nunca, el artista repasó su conexión con Córdoba y reveló detalles íntimos de su vida cotidiana.
Cuando le preguntaron qué significa volver a la ciudad, respondió sin dudar: “Volver a casa”. Y entre todos los rincones de la Docta, hay uno que lo transporta a sus raíces: “La cancha de básquet”, el lugar donde siempre se sintió en familia.
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El León también habló de sus seguidores y del cariño que recibe cada vez que pisa una cancha, ya sea para jugar al fútbol o al básquet. “Siempre me encuentro a alguien que se queda esperando para saludarme. Acá es mi casa, me hacen el aguante siempre”, contó con humildad.
Sin embargo, uno de los momentos más divertidos de la charla llegó cuando reveló qué le enseñaron sus hijas. Lejos de las grandes lecciones filosóficas, el consejo fue directo al grano: “A vestirme bien. Ellas me decían: ‘vestite bien, papá’”, recordó entre risas. Y contó que sus nenas lo animan a arriesgar más: “Usá cosas raras, ¿por qué no te ponés unos lentes?”.
¿La Mona o Ulises Bueno?
El ping pong también dejó definiciones jugosas. Ante el dilema entre compartir un asado con La Mona Jiménez o un partido de básquet con Ulises Bueno, no dudó: “Un asado con La Mona, sería increíble, me estallaría de risa”.
Y como si fuera poco, dijo qué artista de cuarteto elegiría para un feat: “Me encantaría hacer algo con La Mona, con él sería un honor”. El sueño está declarado.
De vuelta en Córdoba, Londra se mostró más cercano que nunca. Entre risas, recuerdos y anécdotas familiares, confirmó que sigue siendo el pibe de barrio que conquistó el mundo pero que nunca perdió la esencia.