La música argentina está de luto. Este viernes por la mañana se confirmó la muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari a los 77 años en su casa de Parque Leloir, en Buenos Aires.
Figura central del rock nacional, el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dejó un legado que trasciende generaciones y estilos. Su deceso marca el cierre de una etapa para miles de seguidores que encontraron en sus canciones una voz propia y un refugio de resistencia cultural.
En 1975, en la ciudad de La Plata, Indio Solari y Skay Beilinson fundaron Los Redondos. Se separaron en 2001 y su último show fue en Córdoba. Luego, el cantante inició su carrera solista con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
A principios de 2016 Solari confirmó que tenía mal de Parkinson, minutos antes de arrancar un show en Tandil. Solari sorprendió a todos al salir a escena -algo absolutamente inhabitual en él- para hablar sobre su estado de salud y sobre los cambios en la banda.
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Su último show fue el 17 de marzo de 2017, en la localidad de Olavarría. El recital sufrió varias interrupciones y no pudo ser terminado por el cantante, debido a las corridas y disturbios. Todo terminó en tragedia, con dos muertos y varios heridos.
A diferencia de otras grandes estrellas del rock argentino, Solari construyó su leyenda desde la distancia. Durante décadas evitó los medios de comunicación, rechazó las reglas de la industria musical y apostó por una relación directa con su público. Esa decisión, lejos de alejarlo de la gente, fortaleció un vínculo pocas veces visto en la historia de la música nacional.
Su influencia se extendió mucho más allá de la música, convirtiéndose en un referente de la contracultura y en uno de los personajes más enigmáticos del arte argentino de las últimas décadas.