Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de la actuación argentina, Jorgelina Aruzzi tuvo empleos muy alejados de los escenarios. En una charla con Mario Pergolini en Otro día perdido, la actriz repasó sus inicios laborales y sorprendió al conductor con una anécdota de cuando trabajaba como repositora.
Durante la entrevista, Aruzzi también explicó qué la llevó a elegir la actuación como camino profesional. “Creo que sentía que era lo único que sabía hacer. Sentí que era buena y hay algo del juego de actuar que, de verdad, te hace volver a jugar como cuando eras chico. A mí me inspira eso. En general trabajo con amigos porque me parece un lugar de encuentro, y también está el oficio de remar constantemente”, expresó.
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En medio de la conversación, Pergolini quiso saber si era cierta una historia de sus primeros años laborales. “¿Es cierto que a los 18 años eras repositora?”, le preguntó. La respuesta no tardó en llegar y estuvo acompañada por detalles de una rutina tan exigente como poco conocida.
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“Sí, iba a los supermercados en colectivo. Me tomaba cinco colectivos por día, veía si en mis góndolas estaban mis trapos, los acomodaba y volvía a ponerlos. Era repositora de trapos de piso”, relató Aruzzi, al describir las largas jornadas que afrontaba para cumplir con su trabajo.
La experiencia, sin embargo, duró apenas unas semanas. Al recordar cómo había conseguido el puesto y por qué terminó alejándose, contó: “Fue por una amiga que estaba ahí porque era de la familia de ella. Al mes me echaron porque me costaba mucho tomar los bondis. También me echaron porque no quería usar casco”.
La confesión generó sorpresa y risas en el estudio, al revelar una faceta desconocida de la actriz mucho antes de alcanzar la popularidad.