Una simple “juntada” terminó convirtiéndose en una fiesta multitudinaria para Rafael Ferro. Durante su visita a Otro día perdido, el actor repasó las reuniones que organizaba su hija Matilda y relató una situación que primero lo tuvo como receptor de una queja policial y, horas después, como quien pidió ayuda a los agentes.
Todo comenzó con una promesa que, según Ferro, su hija repetía cada vez que quería organizar algo: “Era tremendo lo de las fiestas porque Matilda me mentía y me decía: ‘Che, pa, ¿puedo una juntada?’. Y me decía que iban a ser 15, ponele, y horario 3 máximo”. Sin embargo, una de esas noches la cantidad de invitados estuvo muy lejos de lo anunciado.
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Mientras él intentaba relajarse en su casa, la escena cambió por completo. “Eran 50 flacos, allá el sonido. Yo me había puesto una serie, me puse el pijama, todo despeinado. En un momento tocan el timbre y era la policía”, recordó. Los efectivos habían llegado luego de que los vecinos se quejaran por el volumen de la música.
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La respuesta inicial de Ferro fue de fastidio, aunque rápidamente terminó dándoles la razón. “Abro a la policía ya de mal humor y le pregunto qué pasa. Me dice que se quejaron de la música y yo pregunté: ‘¿Qué querés que haga? Es una fiesta, son pibes’. Y me dice: ‘Sí, pero es miércoles’, y le di la razón”, relató entre risas.
Pero la historia tuvo un segundo capítulo todavía más inesperado: “Se va la cana y te prometo que a las dos horas llamé yo a la cana y les pedí por favor que se lleven a los pibes”. Ferro explicó que, además, tomó medidas para cuidar a los invitados y pidió que las chicas permanecieran en el lugar hasta que llegaran sus autos. “Yo bajaba en jogging roto y me decían ‘Ferro botón’, y yo pedía por favor que bajen la música”, cerró.