Alexis Gregorat Krebs dejó sorprendido a Mario Pergolini al contar en Otro Día Perdido cómo es competir profesionalmente en aguas gélidas. El cordobés ya consiguió 21 medallas internacionales y participó de un Mundial de la disciplina en Finlandia.
“Todo arrancó un poco por curiosidad. Una historia de que arranqué despacito nadando en aguas frías. Conocí ahí un muchacho que me dijo ‘vos tenés que ir a nadar al Calafate’ y cuando me quise dar cuenta estaba en el mundial de aguas gélidas en Finlandia”, relató.
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El deportista describió las condiciones extremas que enfrenta durante las competencias: “Imagínense la Antártida, al medio donde se congela todo. Ahí se hace una pileta, se saca todo el hielo y ahí nadamos con 18 grados bajo cero”.
La explicación provocó una inmediata reacción de Pergolini. “¿Pero por qué? ¿Tus padres no te querían?”, bromeó el conductor. Gregorat Krebs respondió entre risas: “Sí, mis papás me quieren mucho. Es un deporte hermosísimo pero con una preparación muy dura”.
El nadador explicó que algunas pruebas incluyen postas en las que los competidores deben detenerse dentro del agua y esperar a sus compañeros de relevo, permaneciendo inmóviles a temperaturas muy bajas.

“Cuando fui al mundial pasé de estar en Córdoba a 30 grados a menos 18 grados en muy poquito tiempo”, recordó sobre el impacto que esos cambios generan en su cuerpo.
Para prepararse, utiliza en su casa una pileta de criógeno en la que realiza baños de inmersión con agua helada. “Cuando entrás, al primer shock de frío el pulso se acelera, la respiración se acelera y sentís mucho frío. Y seguís sintiendo frío, no es que te acostumbrás”, explicó.
Pergolini también quiso saber cómo protegen el cuerpo durante las competencias. Gregorat Krebs aclaró que no está permitido utilizar ningún tipo de protección térmica. “Es en cuero”, aseguró.
El cordobés destacó que el control de la respiración es fundamental para enfrentar esas condiciones. Incluso recordó un episodio que sufrió por no hacerlo correctamente: “Cometí una vez el error de respirar mal y salí con una hipotermia bastante fuerte y muchos se quedaron asustados”.
Más allá de la exigencia física, Gregorat Krebs aseguró que encontró otro costado en la práctica. “El hielo ayuda a meditar de otra manera. El frío es un maestro increíble, que te saca todos los pensamientos y te hace estar conectado en el presente”, cerró.



