El casamiento de Lali Espósito y Pedro Rosemblat tuvo una impronta relajada que también se trasladó a la comida. Lejos de un menú sofisticado o de alta cocina, los novios apostaron por sabores clásicos y bien argentinos.
Según contó Marcos Aramburu, integrante de Gelatina, la propuesta comenzó con bandejeo y luego continuó con una gran mesa donde los invitados podían servirse distintas opciones.
Entre los platos aparecieron carnes a la parrilla, papas, una especie de milhojas, milanesas con puré y distintos acompañamientos.
Pero hubo una preparación que terminó destacándose por encima del resto. “Parece que la diva de la noche fue un sándwich de molleja”, reveló.

La organización también acompañó ese espíritu informal. No hubo mesas rígidamente asignadas y los invitados podían sentarse donde quisieran y cambiar de grupo durante la noche.
Había livings para unas seis personas y mesas más largas, lo que permitió que las charlas y los grupos fueran cambiando a medida que avanzaba la celebración.
La selección gastronómica había sido definida previamente con el equipo de catering y estuvo pensada para una fiesta de entre 150 y 200 personas.
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La idea fue sostener una propuesta popular y cercana, con platos reconocibles y abundantes, en sintonía con el estilo que Lali y Pedro eligieron para el evento.
El momento dulce también tuvo un protagonista especial. Damián Betular fue el encargado de preparar la torta de bodas. Se trató de una estructura blanca de nueve pisos, con volados, distintas texturas y detalles en rosa pastel.
Entre la ceremonia, los brindis, el baile y las mesas compartidas, la boda mantuvo un tono distendido, con clásicos argentinos en el menú y una celebración que se extendió hasta altas horas.



