En casi todas las casas hay una banqueta de plástico porque son económicas, livianas y fáciles de guardar. Pero hay un detalle que suele pasar desapercibido y que no está ahí por casualidad: el agujero redondo en el centro del asiento.
Lejos de ser decorativo, ese orificio cumple varias funciones clave. Una de las más conocidas es el drenaje del agua: si la silla queda al aire libre y llueve, o si se la lava, el hueco permite que el agua escurra y no quede acumulada.
Más que un simple detalle
El agujero también mejora la ventilación y la comodidad, especialmente en días de calor, ya que reduce la sensación de estar sentado sobre una superficie plástica cerrada.
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Además, cumple un rol importante en el proceso de fabricación. Facilita que el plástico fundido se distribuya de manera uniforme dentro del molde, evitando deformaciones o grietas. Esto permite que la banqueta sea más resistente sin encarecer su producción.
Otro beneficio práctico es que evita el efecto ventosa cuando se apilan varias sillas, lo que hace más sencillo separarlas y también transportarlas gracias a ese punto de agarre central.



