Durante años, la infancia sin tecnología estuvo asociada a juegos en la vereda, tardes al aire libre y menos estímulos digitales. Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que ese contexto también podría haber tenido un impacto positivo en el desarrollo emocional.
Un estudio difundido por especialistas en Psicología del Desarrollo analizó cómo el entorno tecnológico en el que crecen los chicos influye en su capacidad para gestionar emociones y resolver problemas de forma independiente.
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Los resultados indican que quienes pasaron su niñez antes de los años 2000 suelen desarrollar mayores niveles de autonomía emocional en comparación con quienes crecieron rodeados de dispositivos digitales desde edades muy tempranas.
Qué analizaron los investigadores
Para llegar a estas conclusiones, los especialistas revisaron distintos trabajos y observaciones sobre el desarrollo emocional infantil y el uso cotidiano de tecnología. El objetivo era comprender si la presencia constante de dispositivos digitales puede influir en la forma en que los niños aprenden a manejar frustraciones, conflictos o situaciones cotidianas.
Según los resultados, los chicos que tuvieron menor exposición a smartphones durante su infancia mostraron con mayor frecuencia habilidades vinculadas con la autonomía emocional. Entre ellas, la capacidad de entretenerse por sí mismos, resolver pequeños problemas diarios o regular sus emociones sin depender de estímulos permanentes.
Los especialistas señalan que muchas de estas habilidades se desarrollan cuando los niños cuentan con más oportunidades para experimentar el aburrimiento, interactuar cara a cara con otras personas o atravesar desafíos cotidianos sin mediación tecnológica.