La llegada del Papa León XIV a Córdoba volvió a poner en la memoria la histórica visita de Juan Pablo II en 1987. En aquel recorrido, el Sumo Pontífice se movilizó en un Papamóvil construido en la provincia por trabajadores e ingenieros de la planta Renault de Santa Isabel.
El vehículo fue una Renault Trafic adaptada especialmente para garantizar la seguridad del Papa. Juan Pablo II había sufrido un intento de asesinato años antes y, desde entonces, sus traslados requerían una custodia reforzada y una estructura preparada para ese nivel de exposición.

Una pieza histórica
El Papamóvil se conserva actualmente en el Museo de la Industria de la capital. Allí mantiene detalles originales como las calcomanías en la puerta, el kilometraje y otros elementos de la época.
La unidad fue diseñada y construida en apenas 90 días después de que el proyecto fuera propuesto al Vaticano y recibiera la autorización correspondiente. La cúpula se hizo con vidrios blindados traídos desde Alemania, uno de los pocos materiales importados utilizados en la adaptación.
Héctor “Pichi” Campana, secretario de Fortalecimiento Vecinal, Cultura y Deportes de Córdoba, recordó en Noticiero Doce la importancia del vehículo. “Es una pieza histórica que muchísima gente viene a visitar”, señaló.
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El funcionario destacó que Juan Pablo II recorrió 10 provincias con ese Papamóvil y que también fue utilizado en 1997 durante una visita a Brasil. “En 90 días después de que se aprobó por el Vaticano, se construyó por cordobeses en Córdoba”, expresó.


Campana remarcó que el vehículo conserva sus condiciones originales por el poco uso que tuvo, que se evidencia en los 3288 kilómetros que tiene. También explicó que fue pensado con medidas especiales para poder ser trasladado en un avión de carga.
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Con el tiempo, al Papamóvil le incorporaron teléfonos para permitir la comunicación con la guardia. Esa modificación fue posterior a la visita de Juan Pablo II a Córdoba.
“Hemos mantenido todo en las mejores condiciones posibles, es histórico”, cerró Campana. El vehículo sigue siendo uno de los objetos más emblemáticos del museo y un símbolo de aquella visita papal de 1987.



