Una joven cordobesa es protagonista de un caso que despertó el interés de la neurociencia. Investigadores del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi), dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el Conicet, estudian su capacidad para ingresar voluntariamente a un estado no ordinario de conciencia.
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Se trata de Agustina Velez Picatto, psicóloga y música, quien además es coautora del estudio publicado en la revista NeuroImage. Según la investigación, el estado que logra alcanzar se asemeja en algunos aspectos al que aparece con el uso de sustancias psicodélicas, aunque con una organización cerebral diferente a la vigilia y a esos estados inducidos.
El fenómeno comenzó cuando Agustina tenía 24 años. “Estaba en mi departamento y veo una mancha amarilla que no logro distinguir qué es. Empiezo a hacer un poquito más de foco, veo que tiene cierta estructura y logro ver que es una red hexagonal”, relató en Unciancia.
Un estado que puede alcanzar sin sustancias
Lo que al principio fue una experiencia espontánea se transformó, con práctica propia, en una habilidad cada vez más estable. “Es más que una relajación, porque hay cuestiones físicas y orgánicas que se empiezan a fundir con el exterior. Siento que puedo manejar mayor caudal de información”, explicó Agustina.

La joven contó que al comienzo la experiencia fue desconcertante. “Al inicio fue algo vertiginoso porque no lo comprendía. Seguí explorando y logré estabilidad en la práctica. Dejó de ser inquietante”, afirmó.
Actualmente describe ese estado como una “sensación de comunión con las cosas” y un “orden interno” que también utiliza como herramienta para investigar y explorar “otras formas de pensamiento”.
El equipo liderado por Pablo Barttfeld diseñó un protocolo con 20 sesiones de resonancia magnética funcional (fMRI) para observar el funcionamiento del cerebro de Agustina en distintos estados, incluido el no ordinario de conciencia.
“No conozco otro caso en el mundo. Ella está explorando una configuración mental que podría ser posible en cada uno de nosotros. Lo interesante es que lo realiza de forma voluntaria sin ningún tipo de meditación o con el uso de sustancias psicodélicas”, aseguró Barttfeld.
Uno de los puntos que más sorprendió a los investigadores fue la naturaleza de las visualizaciones. “Lo que más me sorprendió fue la naturaleza de las visualizaciones que ella puede lograr voluntariamente, y ciertas características que no son las normales de estados psicodélicos”, señaló Gabriel Della Bella, primer autor del trabajo.
En los estados psicodélicos inducidos por sustancias como el LSD, suelen aumentar tanto el desorden como la complejidad de las señales cerebrales. En el caso de Agustina, en cambio, los investigadores observaron que el desorden baja, pero la complejidad aumenta.
“Es algo que no se suele ver tanto en los típicos estados que uno estudia en el campo de la conciencia, por ejemplo, estados de coma o anestesia”, indicó Della Bella. Para el equipo, esto sugiere un cerebro menos desordenado, pero capaz de procesar información de una manera más rica y estructurada.
Cómo es el estado
Durante el estado no ordinario de conciencia, la red visual del cerebro de Agustina se desacopla masivamente del resto del cerebro y se vuelve más autónoma. Ese dato coincide con sus relatos sobre imágenes geométricas intensas, como redes hexagonales y pulsos violetas, incluso con los ojos cerrados.
Los investigadores también observaron que las áreas sensoriales y motoras se desacoplan del entorno, mientras se fortalecen redes vinculadas a la atención interna. Esa dinámica se relaciona con la sensación de “eterno presente” que describe Agustina.
“Esa unión de lo subjetivo y de lo empírico es para mí la frutilla del postre que se puede sacar de este estudio. La conciencia no podría ser abordada ni de un lado solo ni del otro, sino que requiere de la unión interdisciplinaria”, sostuvo Dante Galván Rial, también autor del trabajo.
A diferencia de experiencias asociadas a psilocibina o LSD, Agustina no reporta pérdida del sentido del yo. Según Barttfeld, cuando ingresa al estado no ordinario su cerebro alcanza una configuración estable, distinta a la vigilia y con cierto paralelismo con la psicodelia, pero ella sigue sabiendo quién es, dónde está y qué está haciendo.
Aunque se trata de un único caso y los resultados no pueden generalizarse a toda la población, el equipo destaca su valor como prueba de concepto. “Para mí es interesante el hecho de que exista la posibilidad de que alguien pueda hacer esto”, remarcó Barttfeld.
El grupo ya trabaja en comparar estos hallazgos con bases de datos sobre meditación profunda y otras formas de trance, con el objetivo de entender mejor cómo el entrenamiento mental y la introspección pueden modificar la dinámica del cerebro.


