La NASA confirmó el final de la misión del telescopio espacial Neil Gehrels Swift, que perdió altura y se encuentra a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre. El observatorio ya no puede continuar con sus tareas científicas y se espera que reingrese a la atmósfera durante las próximas semanas.
Durante ese proceso, gran parte de la estructura se desintegraría por el calentamiento y las fuerzas del descenso. Sin embargo, algunos fragmentos podrían sobrevivir y llegar a la superficie.
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Uno de los datos que generó atención es que la trayectoria orbital del satélite abarca una amplia franja que incluye desde México hasta buena parte de Sudamérica, por lo que Argentina se encuentra dentro de la zona potencial de caída.
Por el momento, la NASA no confirmó un día, horario ni lugar preciso para el reingreso. Que Argentina esté dentro de la franja posible no significa que los restos vayan a impactar necesariamente en el país. El área involucrada es muy extensa y también comprende grandes superficies oceánicas.
La agencia espacial considera además improbable que los restos que eventualmente sobrevivan al descenso provoquen daños a personas.
Swift realizó su última observación el 20 de octubre de 2026. La pérdida progresiva de altura aumentó la resistencia atmosférica y dificultó que sus instrumentos pudieran mantener la estabilidad necesaria para continuar apuntando hacia objetos astronómicos. La actividad solar también aceleró el proceso al incrementar esa resistencia.
El intento fallido para salvar al telescopio
La NASA y la empresa Katalyst Space Technologies habían evaluado utilizar una nave robótica denominada LINK para sujetar al observatorio y elevarlo nuevamente a una órbita más alta.
El proyecto fue descartado en agosto por problemas técnicos y la imposibilidad de corregir la trayectoria terminó definiendo el cierre de la misión.
Swift había sido lanzado en noviembre de 2004 con una vida útil inicialmente estimada en dos años, pero permaneció operativo durante casi 22. En ese tiempo obtuvo más de 1,5 millones de imágenes, generó un archivo de 12 terabytes y sus observaciones fueron utilizadas en unos 7.000 trabajos científicos.
Entre sus principales objetivos estuvo el estudio de los estallidos de rayos gamma. A lo largo de su misión analizó alrededor de 2.000 de estos eventos y 1.400 supernovas, además de otros fenómenos astronómicos.
Ahora, los especialistas seguirán monitoreando su descenso hasta poder precisar con mayor exactitud cuándo y dónde se producirá el reingreso.