El juicio por el asesinato de Sebastián Villarreal sumó este jueves un testimonio clave. En la Cámara Tercera del Crimen declaró el sargento Ezequiel Santucho, de la División Robos y Hurtos de la Policía, uno de los investigadores del caso. Su exposición apuntó a mostrar que el ataque ocurrido el 29 de febrero de 2024 no fue un hecho aislado, sino parte de una dinámica delictiva previa y organizada.
Durante su declaración, Santucho reveló conversaciones extraídas del teléfono de Axel Escada, uno de los imputados, en las que se jactaba de robar motos. En un intercambio con una joven identificada como Emilia, ella le preguntó a qué se dedicaba y la respuesta fue directa: “Robando a todos los que salen a la madrugada”. En otros mensajes se burlaban de las víctimas y celebraban robos difundidos por ElDoce.tv. En uno de los comentarios, Escada escribió entre risas: “Quemadazo con el conjuntito Lacoste”.
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Uno de esos hechos ocurrió el 2 de enero de 2024, apenas un mes y medio antes del crimen de Villarreal, cuando sustrajeron una Honda XR Tornado. Según el investigador, en los chats se repetía el interés por motos de alta cilindrada, “que se pueden vender bien en el mercado negro”. Algunas eran comercializadas completas, otras desarmadas como repuestos y varias quedaban en poder de la banda para seguir delinquiendo.
+ VIDEO: uno de los robos en la mira:

En ese circuito apareció con fuerza el nombre de Héctor Alejandro “Lalo” Herrera, otro de los juzgados en el proceso. Santucho explicó que en el fondo de su casa encontraron una habitación con partes de motos robadas y que era uno de los principales encargados de “enfriar” los rodados para su posterior venta. Además, del análisis de su celular surgió su relación con T., conocido como “El Orejudo”, el menor de 14 años declarado inimputable por el crimen.

Según la investigación, Herrera y El Orejudo planificaban robos, hablaban de salir a la mañana para evitar controles policiales y coordinaban dónde guardar las motos. Incluso detectaron comunicaciones con la madre del adolescente, lo que refuerza la hipótesis de que el menor llegó a permanecer en la casa de Herrera. También se hallaron contactos previos entre Escada y T. antes del ataque que terminó con la muerte de Villarreal.
Proveedor de balas
Sobre Luciano Busto, el investigador sostuvo que era conocido en barrio Ciudad Evita como proveedor frecuente de municiones. “Siempre andaba con armas”, señaló ante el tribunal. Para los investigadores, los tres imputados formaban parte de una banda en la que algunos integrantes ya habían sido detenidos antes del crimen.

Santucho mencionó además a un sospechoso apodado “La Morsa”, que vivía cerca de la casa de Villarreal y podría haber tenido participación en la organización del robo. Sin embargo no lograron ubicarlo ni reunir pruebas suficientes para imputarlo, trascendió.
El juicio continúa con la expectativa puesta en nuevos testimonios que permitan determinar el grado de responsabilidad de los mayores de edad acusados de haber organizado el robo que terminó en homicidio.



