Las comunidades educativas atraviesan un momento delicado luego del tiroteo en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, que terminó con la muerte de un adolescente, y la posterior aparición de amenazas en distintos puntos del país, incluida Córdoba.
En este contexto, Telenoche indagó sobre llamada True Crime Community (TCC), una red digital de la que formaba parte el autor del ataque.
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Según información extraída de un informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional, este fenómeno se centra en la fascinación por crímenes violentos y, en los casos más extremos, en la imitación de ataques masivos.
Las características de True Crime
Uno de los principales rasgos de este fenómeno es que no responde a una ideología política definida, sino que la violencia aparece como un fin en sí mismo.
Entre sus creencias más preocupantes se destacan:
- La violencia puede ser vista como “admirable”.
- Los atacantes son considerados figuras “heroicas” o “icónicas”.
- La notoriedad pública aparece como un objetivo deseable.

Los niveles de involucramiento
El fenómeno presenta distintas etapas en quienes participan:
Consumo básico: interés informativo sin riesgo directo.
Admiración: difusión y estética vinculada a hechos violentos.
Radicalización: celebración explícita e incentivo a la violencia. Se trata de una fase acompañada de presión por pasar a la acción.
Acción: planificación y ejecución de ataques.

A qué perfil de jóvenes apuntan
Los especialistas detectan que la mayoría de los integrantes son adolescentes o jóvenes de entre 13 y 20 años.
Suelen compartir algunos de los siguientes factores comunes:
- Aislamiento social
- Problemas de salud mental
- Consumo intensivo de contenido violento
- Conflictos familiares o antecedentes de bullying
- Vínculos con otras subculturas extremistas
Estos indicadores son considerados señales de alerta para intervenir a tiempo.
Qué advierten los especialistas
Micaela Gisbert, periodista especializada en educación, explicó en Telenoche que muchas veces los jóvenes no dimensionan el impacto de sus acciones.
“No están viendo la gravedad”, advirtió, y remarcó que incluso escribir una amenaza ya constituye un delito, más aún en el contexto actual.
Además, señaló que algunos mensajes pueden surgir como “bromas” o desafíos virales, pero eso no reduce su peligrosidad.
“Es fundamental que se hable con seriedad en familia”, subrayó Gisbert, y agregó que en las escuelas se debe trabajar el tema de manera grupal, explicitando las consecuencias y los daños que generan estas conductas en todo el entorno.


