Gabriela vende cubanitos para ganarse la vida en el puente Sargento Cabral, el nexo que conecta barrio Yapeyú con San Vicente. Todos los días ofrece sus productos a los autos que paran en el semáforo para salir a flote en un contexto socioeconómico complicado.
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A pocos metros se suele ubicar Damián, un joven que refleja el duro flagelo que atraviesa de lleno a los sectores vulnerables de Córdoba: el “pipazo”. Se trata de un subproducto de la cocaína con alto nivel de impurezas que puede provocar infartos, ACV, pérdida severa de peso y un deterioro general que puede reducir la vida a entre seis meses y un año.
Con ambas piernas amputadas, este joven llegó hace unos años desde Buenos Aires y se dedica a pedir dinero en el puente, que cuando cae la noche es su techo para dormir y pasar el rato junto a otros compañeros de ocasión.

“No tiene silla de ruedas, se arrastra. Le pide plata a la gente de los autos y tengo miedo que alguien no lo vea y lo termine atropellando”, expresó Gabriela a Telenoche, a la vez que pidió ayuda por la delicada situación de Damián.
La cruda realidad marca que el joven usará el dinero recolectado para comer pero principalmente para poder seguir consumiendo. Tal es el grado de adicción que las veces que le regalaron sillas de ruedas las terminó vendiendo. “Siempre le traen pero siempre le desaparecen. Él vive de la sustancia pero no le duran las sillas, se le desaparecen. Le han dado al menos diez sillas de ruedas”, contó la vendedora.
El flagelo del “pipazo” hace estragos en esa zona cercana a la Costanera y los piperos drogándose representan una postal cotidiana en el sector. “Viven debajo del puente y se están drogando todo el tiempo”, concluyó Gabriela.



