El consumo de bebidas vegetales creció en los últimos años y una de las más populares es la mal llamada “leche de avena”. Sin embargo, el término correcto es jugo de avena, ya que la leche es producida por mamíferos.
Más allá del nombre, el punto central está en su composición nutricional. Según explicó el doctor Carlos Sabagh en Telenoche, el jugo de avena no reemplaza a la leche de vaca porque no aporta los mismos nutrientes y, para acercarse a algunos valores, necesita ser fortificado.
Más hidratos, menos calcio y varios agregados
Uno de los aspectos que marcó Sabagh es el contenido de hidratos de carbono. Una taza de jugo de avena puede tener hasta 16 gramos de hidratos, mientras que la leche tiene alrededor de cinco gramos.
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Ese dato es importante porque esos hidratos pueden traducirse en picos rápidos de glucosa en sangre. “Muchas veces dicen a los diabéticos que hay que tomar leche de avena, que es mejor. No, es peor”, advirtió el médico.
Además, muchas de estas bebidas incorporan edulcorantes, estabilizantes y aceites vegetales para mejorar su textura y sabor. Por eso el doctor remarcó que se trata de un producto ultraprocesado, debido a los tratamientos industriales que recibe.
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Otra diferencia clave está en el calcio: el jugo de avena tiene apenas el 8% del calcio que aporta la leche de vaca. Por eso, no puede considerarse una alternativa nutritiva equivalente.
Quienes promueven su consumo suelen recomendar acompañarlo con fuentes adicionales de proteínas y grasas. Pero, según explicó el especialista, la leche de vaca ya reúne naturalmente nutrientes que el jugo de avena no tiene.
En el caso de las personas con intolerancia a la lactosa, la alternativa indicada no es una bebida vegetal. Sabagh señaló que existe la leche de vaca deslactosada, que permite mantener el aporte nutricional de la leche sin el problema de la lactosa.