Roberto Marcos Bárzola quedó ubicado como el principal sospechoso por el crimen de Nora Dalmasso, ocurrido en noviembre de 2006 en barrio Villa Golf de Río Cuarto. Tenía 27 años al momento del hecho y había trabajado en la casa de la familia Macarrón días antes del asesinato.
Hoy tiene 46 años, vive en Río Cuarto, aunque en un sector alejado de la vivienda donde mataron a Nora, y se desempeña como camionero en el transporte de granos. Tiene una pareja estable y un hijo.
Tiempo atrás se mencionó que había trabajado en Venado Tuerto, incluso el abogado que representó a María Delia Grassi, la madre de la víctima, señaló esa posibilidad pero eldoce.tv pudo confirmar que actualmente está radicado en la ciudad del sur de Córdoba.
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Bárzola permanece en libertad, pero mientras no haya una resolución firme sobre la prescripción de la causa debe cumplir una serie de condiciones como fijar y mantener domicilio, estar a disposición del órgano judicial, concurrir a las citaciones y abstenerse de realizar cualquier acto que pueda obstaculizar la investigación.
Por su trabajo como transportista, acordó en su momento con la fiscalía que debe informar, él o a través de su abogado, si realiza viajes, en qué vehículo lo hace y hacia dónde se dirige.

El 13 de octubre de 2025, la Cámara Segunda del Crimen de Río Cuarto dictó su sobreseimiento. Los jueces consideraron, entre otros puntos, que la causa estaba prescripta y que no hubo otro delito atribuible a Bárzola que interrumpiera ese plazo.
Sin embargo, los abogados querellantes de Marcelo, Facundo y Valentina Macarrón presentaron un recurso de casación ante el Tribunal Superior de Justicia. Mientras se espera esa resolución, el expediente permanece en el Juzgado de Control de Río Cuarto.
Sus declaraciones y las sospechas
Bárzola declaró en la causa que trabajó “dos días y medio... tres” en la casa de los Macarrón, donde realizaba tareas de pulido del parquet del living. Su patrón era Walter González, quien también brindó testimonio como testigo en la investigación.
En su primera declaración, del 27 de noviembre de 2006, al día siguiente del hallazgo del cuerpo, Bárzola contó que desde el martes 21 trabajaban en la vivienda de Villa Golf y que el viernes 24 se retiró alrededor de las 12:30 para ir a otra obra en el country San Esteban. También dijo que habían quedado en volver al día siguiente a las 8:30 para continuar con el parquet.
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Según su relato, el sábado 25 fue hasta la casa de Macarrón bajo una fuerte lluvia, tocó el timbre dos veces y nadie lo atendió. Aseguró que esperó unos diez minutos, que estaba muy mojado, y que luego se fue en moto hacia la casa de González, donde encontró a su patrón y este desistió de realizar el trabajo.
En febrero de 2007, Bárzola declaró que la única vez que tuvo “contacto verbal” con Nora fue el viernes 24 por la mañana, por el polvillo que la máquina pulidora había desparramado en la cocina. También dijo que suponía que quienes trabajaban en la casa sabían que Marcelo Macarrón estaba de viaje o trabajando, porque se veía a Nora sola en la vivienda.

Los indicios que lo ubican bajo sospecha fueron remarcados en distintos momentos de la causa. En el jury que terminó con la destitución de los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro, la fiscal general adjunta Bettina Croppi señaló que Bárzola fue el único que se ubicó en el domicilio en el rango horario de la muerte de Nora.
Además, mencionó como alerta la declaración de María Delia Grassi, quien había hablado de una discusión de su hija con un carpintero, aunque se cree que en realidad podría haberse referido al colocador de pisos.

Las pruebas en su contra
En diciembre de 2025, el fiscal Pablo Jávega pidió la elevación a juicio con Bárzola como principal imputado. Apuntó como elemento central la “compatibilidad genética” con vestigios biológicos hallados en el cinto de la bata, considerado el “arma homicida”, y la confluencia con otro ADN mitocondrial detectado en un pelo secuestrado en el pubis de la víctima.
También marcó otros indicios: presencia en tiempo y espacio, una presunta mala justificación de sus movimientos y el dato de que dijo no haber podido trabajar porque se habían abierto ventanas y mojado el piso, algo que —según la acusación— solo podía saber si estuvo en la escena. “Existen diversos indicadores, ninguno concluyente por sí mismos, pero analizados en conjunto excluyen otra opción o hipótesis”, sostuvo Jávega al fundamentar la acusación.



