A 25 kilómetros de Oncativo, en la pequeña localidad de Colonia Cocha, funciona una la escuela rural José de San Martín donde actualmente estudian apenas siete chicos. Allí, la docente Fernanda Tomasoni le hace honor a la educación y trabaja cada día para darle vida a la institución, sin importar el reducido número de alumnos.
Según contó Marcos Baro, presidente de la comisión cooperadora, el establecimiento fue construido en 1952 en las tierras de sus bisabuelos. Después de permanecer cerrado durante años, logró reabrir sus puertas en marzo de 2014 con una matrícula inicial de 12 alumnos.
“Me encontré con una inmensidad. Era una escuela que estaba cerrada que no tenía nada. Ni siquiera teníamos bancos. Se pidieron prestados bancos para poder empezar al día siguiente”, recordó Fernanda sobre aquellos primeros días.

La reapertura también significó asumir tareas que iban mucho más allá de dar clases. “Nosotros cuando nos preparamos es para el trabajo dentro del aula pero al ser rural desempeñas otros roles como director, administrador”, explicó.
Una escuela donde conviven distintos grados
Hoy asisten siete alumnos: una nena de primer grado, tres de segundo, dos varones de quinto y una estudiante de sexto. Esa convivencia entre edades forma parte de la dinámica cotidiana de la educación rural.
“Lo más lindo es ver como este niño que llegó con su bolsita a jugar a jardín hoy ya esta leyendo . Tienen todo su trayecto acá y se despiden totalmente formados”, contó la docente.
Fernanda explicó que el trabajo en este tipo de escuelas obliga a pensar los contenidos de una manera diferente. “Acá se vencen todas las barreras que se pueden considerar de la mirada de pasar de grado porque los docentes rurales aprendemos que los contenidos van progresando año tras año y no se habla de u contenido especifico para un grado. Nosotros cuando compartimos un video de un tema para sexto grado los nenes de primero y segundo también lo están viendo”.

Para Baro, mantener abierta la institución tiene un valor que supera la cantidad de alumnos. “Es un orgullo mantener esto vivo. La educación rural no se tiene que apagar nunca. En cada espacio de la Argentina hay un chico que necesita educación y no es justo que vaya tantos kilómetros para educarse”, afirmó.



