En el marco del Día de la Madre, desde Cuarteteando elegimos homenajear a aquellas mamás que tuvieron fuerte influencia en el mundo del cuarteto, algunas arriba del escenario y otras, desde un costado o desde casa, pero siguiendo cada paso artístico de cada uno de sus “pichones”.
En esta oportunidad Pamela, Ana María y Graciela, fueron convocadas para el ciclo Mamá, la primera fan. Tres entrevistas comandadas por Vanesa Ludueña, donde abrieron su corazón y entre anécdotas e historias, dejaron salir aquellos recuerdos y mostraron su orgullo de ver en lo que se han convertido sus hijos.
Mamá, la primera fan: Pamela Ponce
Pamela Ponce es madre de Valentina y Martina Márquez, dos mujeres que ya cuentan con su carrera profesional en la música. La elección de las artistas de dedicarse al canto no fue casualidad y mucho tuvieron que ver los genes y la pasión que se herederó desde los primeros segundos de vida.
Pamela es cantante y en su pasado tuvo su momento como corista de Sabroso, etapa donde conoció a Lisandro Márquez, el papá de sus hijas. También estuvo al frente de su propio proyecto, un dúo junto a Silvio, a quien definió como su “alma gemela”.
Ya sea por ella o por el Licha, o por los abuelos, Valen y Marti no tenían muchas opciones para elegir su camino, ya que, teniendo en cuenta el estilo de vida de sus padres, se criaron entre giras y escenarios, aunque Valentina mucho más. “Dudo porque de chiquita ya manifestaban eso, las dos. Iban a los equipos, agarraban los micrófonos y ellas cantaban al frente del espejo. Después en cada reunión, común de juntadas y karaokes, ellas estaban en el medio y tenían que cantar siempre. Ya se venía venir que era eso o eso”, contó orgullosa.
+VIDEO: Mamá, la primera fan: la historia de Pamela Ponce, madre de Valentina y Martina Márquez
Entre mamaderas y micrófonos
Pamela Ponce habló sobre lo difícil que fue maternar y dividir su vida entre su pasión por la música, el día a día con sus hijas frente a la carga horaria y kilómetros y kilómetros recorridos de la mano del cuarteto.
“Lo que más me costó, y creo que también le está pasando a Valen, es el tema de dar vuelta los horarios”, contó, con respecto al estilo de vida de trabajar de noche los fines de semana y luego intentar acomodar actividades como el colegio y la vida cotidiana de lunes a viernes.
Con una profunda mirada de orgullo y felicidad que lucía en su rostro, Pamela reflexionó en cuanto a lo vivido y cómo logró surfear la maternidad y la compañia de su pareja de ese entonces: “Lisandro hizo lo que pudo. En ese momento era complicado viajar y poder estar presente, era muy difícil. Por eso tenía que tener alguien si o si que me ayudara, sino era imposible”.
Pame contó de sus “raíces de pueblo” y en sus primeros pasos en la música vivió una etapa muy sana, lo que se refiere artísticamente. A diferencia de sus hijas, a Valentina le tocó una crianza con otra “chispa” distinta, con más sarcasmo, humor negro y “mucho más viva que la madre”. Un fiel reflejo de lo que se pueden ver actualmente en las redes sociales de la figura de Almenara. En cuanto a Martina, ella lleva un estilo de vida similar aunque mucho más independiente desde su niñez.
En la actualidad cada una tiene su propio camino en la música, Valen una artista ya instalada en el circuito y Marti dando sus primeros pasos. Ambas mantienen ese lado oculto de niñez, según contó Pamela, que recurren en distintos momentos para pedir la ayuda de mamá, o simplemente, para volver a ser por unos minutos, esas nenas compradoras.

Una palabra autorizada
A Valen y Martina les tocó una mamá con experiencia y conocedora del mundo en el cual se desenvuelven como artistas solistas. Gracias a sus vivencias, Pamela se encargó de inculcarle un sólo mensaje y consejo con las envuelve desde sus inicios. “Nosotros acá, les vaya bien o no les vaya tan bien, somos laburantes de la música. La fama es espuma, hoy la tenés, mañana no sabés. Acá nadie se tiene que creer nada, hay que laburar”, expresó con énfasis.
Si bien en su carrera le tocó vivir dos etapas distintas (como corista y protagonista de un dúo), su trayecto le fue suficiente para ocupar ese rol de madre y compañera consejera para que tengan como prioridad su indenpendencia, no “dormirse en los laureles” y trabajar y trabajar ya que “nadie les va a regalar nada”.
Pame es una fiel seguidora de cada una de sus hijas y siente su orgullo de madre, por más que la faceta artística de cada una de ellas lo tenga naturalizado. “Nos criamos, toda la vida, para nosotros es lo cotidiano”, mencionó sobre sus rutinas entre la música, horarios cambiados y giras por el país.
El apoyo de mamá
Valentina Márquez tuvo su lanzamiento oficial en febrero de 2022, cuando realizó el estreno de su primer videoclip oficial con un enganchado que a más de cuatro años logró cosechar más de 49 millones de visualizaciones en YouTube. Por su parte, en diciembre cumplirá su primer año del estreno de su primer video y poco a poco continuó sumando trabajos musicales.
Si bien ambas ya incursionan de manera profesional, en su niñez el camino aún no estaba tan definido, pero algo seguro: mamá siempre bancando del otro lado. Pamela recordó cuando su hija mayor ideaba su futuro lejos de los escenarios y enfocada en la medicina forense. “En una época de la vida quería trabajar en la morgue. Martina no, ya iba para el lado de la música”, contó.
¿Buena madre o mamá buena?
En la charla junto a la Negra Ludueña, Pame reflexionó sobre su rol como mamá y un cuestionamiento constante que la acompañó desde los comienzos de su maternidad. “No sé si soy tan buena madre. Uno siempre está lidiando en ser una buena madre o una mamá buena. Es complicado eso”, reflexionó.
“Te quedas mal si le decís que no porque vas en contra de la corriente. Y te quedas mal si decís que sí cuando no consideras que es lo correcto”, continuó en relación al dilema en el que coincidió junto a Vane sobre una de las tantas cuestiones que les toca atravesar en la maternidad.
Si bien es consciente y memorioza de de las vivencias con sus propias hijas, Pame se sinceró sobre su faceta como abuela de Vicente y no pudo ocultar su devoción por su nieto, con quien no puede retomar su etapa de límites y negaciones. “Con él nada que ver, no me lo toquen. Para Vicente todo”.



