La historia de Tomás Guidara (30) va mucho más allá del fútbol. El lateral cordobés, surgido en Belgrano y hoy en Lanús, dejó al descubierto una infancia atravesada por el abandono, las dificultades y una lucha constante por salir adelante.
“De chiquito mi papá no se hace cargo directamente y mi mamá también como que me abandona”, relató con crudeza en una entrevista con Espn al recordar sus primeros años de vida. En ese contexto, fueron sus abuelos maternos quienes cambiaron su destino y se hicieron cargo de su crianza.
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Según contó, su historia pudo haber sido muy distinta. “Mi abuela me cuenta que me llevaron a una casa, medio que me quisieron como dar. Mis abuelos se enteraron, me fueron a buscar y ahí arrancó mi crianza con ellos”, explicó, marcando el inicio del vínculo que lo sostuvo desde entonces.
A partir de ese momento, su vida giró en torno a ellos. “Empecé a crecer con mis abuelos, a todos lados con ellos”, recordó, destacando el rol fundamental que tuvieron en su formación.
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Sin embargo, el contexto familiar no fue sencillo. Guidara creció en una casa donde también vivía su madre biológica, lo que generaba tensiones constantes. “Fue complicado porque había muchos problemas familiares, yo fui creciendo escuchando un montón de historias y la verdad que se me hizo muy duro, muy difícil todo”, expresó.
“Te vas llenando de enojo, de cosas que vas escuchando y viviendo”, agregó el lateral, dejando en evidencia el impacto emocional de esos años.
Una historia durísima
El fútbol apareció como una salida, pero el camino tampoco fue fácil. En una entrevista con TyC Sports en 2022, recordó uno de los momentos más duros de su adolescencia: “Hubo una noche que me marcó, que dormí abajo de un puente. Pasé la noche ahí con todas las cosas para entrenar”.
Lejos de rendirse, esa experiencia reforzó su determinación. “Lo primero que podés pensar es tirar todo, pero yo ya estaba pensando en que tenía que responder el fin de semana”, contó, reflejando una mentalidad que lo acompañó siempre.

Guidara reconoció que con el tiempo, a los 14 años, tomó “la determinación de revertir los malos momentos”. Sobre ese momento, expresó: “Entendí que Dios estaba de mi lado y tenía que sonreír”.
Tras su debut en el Pirata, en 2017, relató que cuando cobraba la plata se la llevaba a su abuela. “No quiero que nadie pase lo que yo pasé”, afirmó en sus inicios, reafirmando el vínculo con quien fue clave en su historia.






