Hernán “Sapito” Encina conoció la Primera División, pasó por distintos clubes y países y fue campeón dos veces en su carrera. Sin embargo, después del retiro eligió una vida lejos de los grandes estadios y muy cerca del lugar donde empezó todo.
El exvolante de Instituto y Talleres, también recordado por sus actuaciones con Rosario Central, nunca perdió el vínculo con el barrio Las Flores, en la ciudad de Santa Fe. Actualmente, a los 43 años, forma parte de “Los de siempre”, un equipo de amigos que disputa torneos de veteranos en el parque Regional Sur.
Encina todavía juega, aunque una lesión que arrastra desde su etapa profesional le provoca molestias en el tobillo y limita sus minutos en cancha. Además, contó que entrena a chicos del barrio y que hasta el año pasado viajaba con ese proyecto con el objetivo de “sacar los pibes de la calle”.
Pero su rutina tiene además otra faceta que relató sin vueltas. “Hoy estoy con mi viejo trabajando de albañil. No se me van a caer los brazos por decirlo, no tengo vergüenza”, expresó en diálogo con La Capital.

A pesar de los viajes y de los ingresos que tuvo durante su carrera profesional, Encina aseguró que nunca pensó en alejarse definitivamente de sus orígenes. “Me iba a otro lugar, pero siempre caía en el barrio para estar con mi familia, mis amigos”, recordó.
“Nunca cambié. Es lo que me enseñó mi viejo, el barrio, el sacrificio de cada uno. Hoy estamos en Las Flores y cuando jugamos ,me siento a tomar una gaseosa con los muchachos, con mis amigos. Un poco de agua mineral, ja. Siempre tomamos una cervecita. Ya estamos viejos, así que tenemos el permitido. Todo esto es lo más lindo, la amistad.”, señaló.
El “Sapito” también quedó grabado en la historia de los clásicos rosarinos. En 2001, apenas en su segundo partido en Primera, fue titular para Central ante Newell’s en el Coloso Marcelo Bielsa y convirtió el 1-0 parcial en un encuentro que terminó empatado 1-1.

Más de una década después volvió a aparecer en un duelo decisivo entre los dos equipos de Rosario. En 2013 marcó en el Gigante de Arroyito el 2-1 definitivo para Central, otro de los momentos más recordados de su carrera.
En Instituto, integró aquel recordado equipo de Darío Franco, en el que brilló un jovencito Paulo Dybala y que peleó mano a mano con River el campeonato de la Primera B Nacional 2011/12. En tanto, en Talleres fue campeón y logró el ascenso a la Primera División con el club en 2016 , aunque tuvo poca participación.






