Lázaro es de Alta Gracia, odontólogo de profesión y fanático de la Selección Argentina. Sus amigos y conocidos le dicen Lagarto y puede decir algo que pocos hinchas en el mundo pueden afirmar: estuvo presente en todos los partidos que Lionel Messi jugó en Mundiales.
La aventura empezó en Alemania 2006 y desde entonces no se detuvo. Lo siguió en Sudáfrica, Brasil, Rusia, Qatar y ahora en Estados Unidos, México y Canadá 2026. Desde Dallas, mientras espera el partido del sábado ante Jordania en el AT&T Stadium, habló con ElDoce.tv y repasó anécdotas, amistades y emociones acumuladas durante dos décadas de viajes mundialistas.
“Esta locura arrancó en el Mundial 2006: una semana antes estábamos en una guitarreada y dijimos ‘vamos al Mundial’ y caímos sin entrada, sin conocer a nadie, no había la tecnología de hoy”, recordó.
En aquel primer viaje, una casualidad le abrió la puerta a una historia inesperada. “Caímos a un hotel en el que estaba Bochini. Nos hicimos amigos y gracias a él dimos con unas entradas a través de Grondona”, contó. Desde entonces, el vínculo con el campeón del mundo en México 1986 quedó para siempre.
“Con Bochini nos hicimos amigos para siempre en Alemania 2006. Ahora él está siguiendo a la Selección en motorhome. Tiene 70 años y sigue con esta locura, lo admiro mucho”, expresó.
La bandera que viajó por el mundo
Lázaro no viaja solo. A cada estadio lo acompaña una bandera gigante de 8x5 metros que ya se convirtió en parte de su historia mundialista. “Yo voy a todos los partidos de Argentina con esta bandera, es el sexto Mundial que la traigo”, dijo.
La bandera nació en Alta Gracia y tiene una particularidad especial: fue hecha junto a Jorge y Lucio Rojas, quienes compusieron las estrofas que se leen en la tela.
“No hay varón en el mundo que te quiera más que yo. Si tan solo digo tu nombre se me agita el corazón. Pintada tengo el alma con tu color y el sol, sos mi pasión, mi razón y mi vida, Argentina mi amor”, dice la bandera.

“Desde Alta Gracia recorrió este camino conmigo en todas las canchas. La hemos metido de la manera que se ha podido, hasta adentro de los bombos. Esta bandera anduvo por todo el mundo”, relató. Y agregó con orgullo: “Gracias a Dios tuve la suerte de entrar a todos los partidos de Argentina desde 2006”.
Brasil, Messi y la pasión argentina
De todos los Mundiales que vivió, Lázaro asegura que el de Brasil 2014 fue el que más disfrutó. “A Brasil nos fuimos en micro con cinco amigos y vivimos ahí en el colectivo. La energía de Brasil fue única porque se vivió más como somos nosotros”, recordó.
Para él, cada Copa del Mundo dejó una experiencia distinta, aunque no todos los países transmitieron la misma pasión. “En Rusia entrabas a un bar y ni estaban viendo el partido de su propia selección. En Estados Unidos, si no juega Argentina parece que no fuera época de Mundial. En Alemania, que fue el primero, no entendíamos el idioma y no había traductores ni la tecnología de ahora”, comparó.
También destacó el acompañamiento que genera la Scaloneta en cualquier estadio: “La mayoría de los que van a la cancha son personas del mundo que alientan por Argentina”.
Sobre Messi, la emoción aparece rápido. “Tiene 39 años y hace la historia del mundo, es un crack adentro y afuera de la cancha. El mundo quiere que gane porque es un ejemplo de vida, es un fenómeno único. Uno no quiere que se apague nunca”, expresó.
Amigos, camisetas y recuerdos
Además de Bochini, los Mundiales también le regalaron otros vínculos. “Otro amigo que hice en Mundiales fue Mascherano, él me regaló la remera de la final del mundo de Brasil 2014. También conocí a Los Palmeras”, contó.
La logística de cada viaje, explicó, se volvió parte de la experiencia. “Vengo rotando amigos, siempre arranco solo y me voy rotando de amigos, buscando la vuelta para compartir con todos. Cada uno va viendo qué puede ir armando”, señaló.
Para Lázaro, lo más complicado no es moverse ni conseguir alojamiento, sino acceder a las entradas: “Lo más difícil del Mundial es conseguir entrada porque después con el alojamiento y transporte te organizás en base a eso. Lo que tiene el argentino es que es muy solidario. Uno aprende la logística de los Mundiales pero la euforia y las ganas de ganar no se van nunca”.
Su ilusión está intacta: “Saqué pasaje de vuelta el 23 de julio, le tengo mucha fe a la Selección”.
El Mundial más caro
Lázaro también marcó diferencias entre este Mundial y los anteriores. Para él, la edición 2026 es mucho más compleja y costosa para el hincha argentino. “Primero que en este Mundial las sedes están muy lejos entre sí, no es tan fácil llegar a la cancha, a diferencia de Qatar, que estábamos bien cerca, con todo a mano”, explicó.
Y fue contundente: “Este Mundial es mucho más caro, es prohibitivo. Imaginate que la entrada para la final está en 9.000 dólares, mientras que en Sudáfrica las siete entradas salían 2.700 dólares. Hoy para el partido de 16avos de final en Miami te piden 4.000 dólares y el otro día de reventa pedían 2.500 dólares por entrada. Una locura”, cuestionó.

De todas maneras, Lagarto intenta vivirlo como una celebración más allá de los resultados. “Tenés que venir con la mentalidad de que esto es una fiesta del fútbol, es cultural. Ganes o pierdas tenés que abrazarte con el rival”, dijo.
Y cerró con una postal que resume el espíritu argentino en el Mundial: “El otro día, después del banderazo en Kansas City, todos limpiaron la basura que dejaron, como los japoneses. Los argentinos van aprendiendo de los demás también”.



