La familia de Juan Pablo Díaz, un argentino de 35 años, atraviesa una desesperante lucha para poder repatriar su cuerpo desde Rusia. El hombre murió el 26 de mayo tras el estallido de un dron mientras se encontraba en el frente de combate de la guerra contra Ucrania.
Díaz era porteño, padre de tres hijas y había viajado a Rusia después de recibir por redes sociales una propuesta laboral a través de un contacto mexicano. Según relató su madre, Alicia, la oferta consistía en trabajar como camionero para el ejército ruso transportando provisiones, pero una vez en el país terminó incorporado como soldado.
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De acuerdo a un reporte de Cancillería Argentina, el cuerpo permanecía en la morgue de Rostov del Don, a más de 1.000 kilómetros al sur de Moscú y cerca de la frontera con Ucrania, por lo menos hasta el 19 de junio.
En el comunicado, la Dirección de Argentinos en el Exterior explicó que la repatriación del cuerpo y la obtención de un certificado de defunción implicaba una serie de requisitos que se deben cumplir personalmente en Rusia por familiares del fallecido.
En contrapartida, la familia asegura que las principales trabas para repatriarlo son las dificultades para viajar a Rostov del Don y para conseguir representación legal en el país euroasiático.

“Hace tres meses de lo sucedido y aún hoy no tenemos la partida de defunción porque es muy complicado. Tiene que ir un familiar directo el que viaje hasta allá o hacer poder a un abogado ruso”, explicó Alicia a ElDoce.tv.
La desesperación de la familia
La mujer contó que Cancillería Argentina les facilitó una lista de abogados rusos, pero hasta ahora no consiguieron que alguno tome el caso. “Solo una abogada nos atendió y me pasó link de un estudio de abogados de Rostov del Dom, donde está la morgue. Me dijo que ella no puede tomar el caso porque desde Moscú a Rostov del Don son 24 horas de tren, no hay aviones. No me lo tomó. A ese estudio no pudimos contactar. Lo primero que necesito es la partida de defunción para repatriar el cuerpo”, relató.
“Estoy desesperada porque no hay ayuda, es complicado el papelerío. Cómo no van a subir al sistema una partida de defunción”, expresó. Según explicó, la primera noticia sobre la muerte llegó de manera extraoficial una hora después del fallecimiento, mediante un comandante ruso que se había hecho compañero de Juan Pablo.

La confirmación oficial de Cancillería llegó recién el 19 de junio, después de 15 días de espera. “Después me mandaron un mail confirmando la muerte de Pablo”, contó Alicia.
La historia había comenzado meses antes, después de que Díaz se quedara sin trabajo. Su madre relató que trabajaba como camionero en Chile, regresó en noviembre de 2025 y no consiguió empleo. En abril de 2026 apareció la propuesta que terminaría llevándolo a Rusia.
“En la desesperación por conseguir trabajo se fue. Me enteré dos horas antes de que se fuera a Rusia”, recordó Alicia. Juan Pablo vivía en Villa Mercedes, San Luis, pero se encontraba en Mendoza cuando la llamó desde el aeropuerto para avisarle que viajaría.

El itinerario incluyó Mendoza, Buenos Aires, San Pablo, Ámsterdam, Estambul y Moscú. A los diez días de llegar a Rusia, según contó su madre, firmó un contrato con el ejército ruso después de que le ofrecieran un bono de 15.600 dólares y un sueldo mensual de alrededor de 5.000 dólares.
Alicia aseguró que después de firmar le retiraron el pasaporte y el contrato y lo enviaron a un polígono de entrenamiento. ElDoce.tv accedió a documentación presentada por la familia sobre el proceso de incorporación de Díaz al servicio militar ruso, que incluye trámites administrativos y un examen médico.


“Estuvo 20 días en el polígono, él nunca había manejado un arma. Nos contó que lo llevaban al frente. Mi hijo estuvo dos días en el frente y lo mató un dron”, relató su madre.
La noticia de la muerte fue comunicada inicialmente a su esposa por Pavel Tarakanov, oficial y traductor del ejército ruso. “María, lamento muchísimo tener que decirte esto, pero Pablo falleció hace una hora. Escuché a su amigo decirlo por la radio. Su amigo resultó herido por la metralla y Pablo murió al instante. Con profunda tristeza te escribo estas líneas. Justo ayer estábamos sentados charlando. Estoy destrozado por el horror de esta pérdida. Mi más sentido pésame”, expresó en el mensaje.
La familia no encuentra paz al saber que el cuerpo de Juan Pablo está a miles de kilómetros y la burocracia impide repatriarlo para que sea debidamente despedido. “Mi mayor miedo es que su cuerpo termine en una zanja, en el olvido”, cerró Alicia, conmocionada.




