La historia de Lorraine Pettie, una mujer de 52 años, terminó de la peor manera tras una serie de errores médicos que su familia no logra entender. Todo comenzó cuando notó que la punta de sus dedos se puso negra. Al principio, pensaron que podían ser simples moretones por los pinchazos que se hacía para controlar la diabetes y luego creyeron que podía tratarse de tinta.
Pero la mancha oscura no se detuvo ahí: se extendió rápidamente por la mano y parte del brazo. Cuando fue al Western General Hospital, una médica llegó a preguntarle si estaba leyendo diarios, creyendo que el color de sus manos era tinta de las hojas.
Le hicieron una radiografía, que no mostró fracturas, y la mandaron de vuelta a su casa, según publicó The Sun sobre el llamativo episodio ocurrido en Edimburgo.
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Dos días después, la situación empeoró. La coloración avanzó por toda la mano y la familia decidió llevarla a otro centro médico. Allí recibió el peor diagnóstico: necrosis por un coágulo de sangre que había cortado la circulación del brazo.
La infección avanzó a toda velocidad. Los médicos no tuvieron otra opción que amputarle el brazo derecho para intentar salvarle la vida. Después de un mes internada, Lorraine fue dada de alta, pero nunca logró recuperarse del todo. Murió a los pocos días mientras dormía.

Qué le descubrieron
El certificado de defunción indicó una combinación de enfermedad cardíaca, diabetes y neumonía. Sin embargo, su familia está indignada y asegura que desde la amputación su salud se agravó drásticamente.
“Estoy asombrada de que el primer hospital no lo haya detectado. Ella volvió a casa y empeoró. La necrosis siguió subiendo por la mano”, cuestionó la hermana de Lorraine.
“Creo que después de perder el brazo, ya no tuvo fuerzas para seguir. Si lo hubieran detectado antes, tal vez no habría perdido todo el brazo. Quizás todavía estaría con nosotros”, agregó, visiblemente conmocionada.



