Lo que comenzó como una leve molestia terminó en una cirugía extrema. Courtney, una deportista amateur de Estados Unidos llevaba una vida activa y entrenaba a diario, jamás imaginó que un simple dolor en la pierna sería la señal de una enfermedad grave.
Acostumbrada a caminar varias veces por día y a realizar rutinas de elongación, notó algo extraño: su flexibilidad había disminuido de forma abrupta.
Un día sintió una molestia en la parte baja de la espalda. No le dio mayor importancia. Su fisioterapeuta había advertido la pérdida de movilidad, pero ambas creyeron que era una simple contractura.
Sin embargo, pocos días después apareció un fuerte dolor en la pierna izquierda, una señal que ya no pudo ignorar. Tras realizarse estudios médicos y una biopsia mediante una perforación en la pelvis, recibió el diagnóstico: padecía osteosarcoma, un tipo de cáncer óseo poco frecuente pero agresivo.
Los especialistas le explicaron que primero debía someterse a quimioterapia. “Vomité de los nervios cuando me dijeron que la amputación era una posibilidad”, recordó.
Durante el tratamiento hizo todo lo que estuvo a su alcance: cumplió con la dieta indicada, realizó terapias complementarias y siguió cada recomendación médica. Aun así, los resultados no fueron los esperados.
Tras finalizar la quimioterapia, los médicos le comunicaron que el tumor no había respondido como esperaban y que era necesaria una amputación y retirar parte de su pelvis.
“Fue muy difícil. Todos los aspectos de mi vida cambiaron”, aseguró. Courtney decidió contar lo sucedido para alentar a las personas a hacerse controles médicos.