Fue bautizado, tomó la comunión, hizo la confirmación (un paso que no todos los católicos cumplen) y se casó con Jeannette Dousdebes por la iglesia. Pero no fue su catolicismo lo que llevó a Marco Rubio hasta el Vaticano, sino tener una dosis de sensatez, inteligencia y conocimiento del escenario internacional que lo distingue en un gobierno de mediocres y obsecuentes que le dan a Trump lo que Trump quiere: obediencia acrítica y adulación.
El secretario de Estado también es un conservador recalcitrante, que carece de sensibilidad social a pesar de que sus padres fueron obreros de vidas muy humildes que se fueron de Cuba cuando gobernaba Fulgencio Batista, y de haber escalado en el Partido republicano con la ayuda del Tea Party, el movimiento ultraconservador más extremo hasta que apareció MAGA. Pero también es menos obsecuente que el secretario de Salud Robert Kennedy Jr. y menos fanático que el titular de Defensa Pete Hegseth.
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Marco Rubio es el tuerto en el reino de los ciegos. Entre las pocas cosas que puede percibir su limitada visión, es que pelearse con el primer Papa norteamericano de la historia sólo muestra un nivel de auto-percepción de omnipotencia que atraviesa los umbrales de la estupidez. Seguramente, Rubio también difiere con este Papa en muchas cuestiones. Si eligió como nombre pontificio León XIV, es por identificarse con León XIII, el Papa de finales del siglo XIX y principios del Siglo XX que dejó como legado la encíclica Rerum Novarum, matriz de la Doctrina Social de la Iglesia.
También se diferencia de este Papa en lo referido a cambio climático (Marco Rubio está más cerca del negacionismo de Trump, o simula muy bien estarlo), además de estar seguro de que Estados Unidos puede iniciar guerras cuando y como quiera, sin caer en lo que le denunció León XIV a Trump y Netanyahu: haber detonado el conflicto con Irán violando el Derecho Internacional.
Aún así, Hegseth, Scott Bessent, J.D. Vance y esa vergüenza de la familia Kennedy llamada como su padre (cuyo espíritu traicionó) no pueden aspirar a nada que no sea vegetar a la sombra del magnate neoyorquino. En cambio Marco Rubio sí puede aspirar, al menos, a competir por ser el sucesor de Trump con alguna chance de captar votos del centroderecha y el centro puro.
El vicepresidente tiene más chance de quedarse con esa candidatura, porque es la ficha en la que viene invirtiendo el todopoderoso Peter Thiel, dueño de Palantir Technologies, hombre fuerte del complejo digital-militar y uno de los pocos que mueven los hilos detrás de Trump. Pero la negligencia y la oscuridad de Vance quedaron expuestas de manera impactante cuando se sumó al linchamiento del Papa que había iniciado Trump.
Del mismo modo que se sumó a la emboscada que le tendieron en la Casa Blanca al presidente ucraniano Volodimir Zelenski, secundó a su jefe cuando comenzó a bombardear a León XIV. Pero Vance evidenció su indigencia intelectual al poner en duda los conocimientos teológicos del sumo pontífice.