Lo que comenzó como una pequeña lesión durante una salida de pesca terminó convirtiéndose en un caso médico insólito. Maxim Sleptsov, un soldador y plomero de 42 años, pasó meses con intensos dolores de cabeza y dificultades para ver hasta que los especialistas descubrieron que una semilla había germinado dentro de uno de sus ojos.
Todo ocurrió después de un viaje de verano al distrito de Abyysky, en la República de Sajá, una región aislada del Lejano Oriente ruso. El hombre había salido a pescar y recolectar frutos con un amigo cuando sufrió un accidente inesperado.
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Mientras recorría el lugar, una rama le golpeó la cara y le provocó una lesión en el ojo. Aunque sintió molestias, creyó que se trataba de una herida menor que podía solucionar por su cuenta. “Sentí picazón y dolor, como si me hubiera lastimado. El ojo estaba rojo y lloroso”, recordó sobre aquel momento.
Maxim se enjuagó el ojo y consiguió retirar un pequeño fragmento de corteza. Después de eso, pensó que el problema estaba resuelto, sin imaginar que una diminuta semilla había quedado alojada en su interior.
Los síntomas que aparecieron meses después
Con el paso del tiempo, el hombre comenzó a experimentar dolores de cabeza cada vez más intensos. También notó que su visión empeoraba progresivamente.
“Me despertaba con un dolor de cabeza terrible”, contó al recordar las molestias que sufría diariamente. La situación llegó a complicarse tanto que empezó a tener dificultades para ver con ambos ojos.
Sin embargo, conseguir atención médica no era sencillo. Maxim se encontraba en una de las regiones más aisladas de Rusia y debía recorrer cientos de kilómetros para llegar al hospital más cercano.
Cuando finalmente regresó a la ciudad de Yakutsk, decidió acudir de urgencia al Centro de Oftalmología para conocer el origen de sus síntomas.

El sorprendente hallazgo de los médicos
Durante la revisión, los especialistas encontraron algo que no esperaban: la semilla que había ingresado al ojo durante el accidente seguía allí y había comenzado a crecer.
El pequeño brote había desarrollado una raíz de casi tres milímetros de longitud, que penetraba la conjuntiva, la membrana que recubre la parte blanca del ojo.
El jefe médico, Ivan Lutskan, explicó que lo más llamativo del caso fue que la semilla no solo permaneció alojada en el tejido ocular, sino que además consiguió germinar y echar raíces.
Ante el descubrimiento, los profesionales decidieron realizar un procedimiento para retirar el cuerpo extraño. La oftalmóloga Elizaveta Karpova fue la encargada de extraer el brote mediante una aguja, utilizando anestesia local.



