Las Américas amanecieron con una noticia sísmica: aviones y helicópteros norteamericanos sobrevolaban Caracas bombardeando puntos claves del poder militar y comandos de la Fuerza Delta concretaban la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Celia Flores. Una noticia dada por Donald Trump y confirmada por la vicepresidenta venezolana, quien reclamó a la Casa Blanca una prueba de vida del líder chavisya y de la primera dama.
De tal modo, lo posible de anunciar es la caída del hombre que encabezaba el régimen, pero no la caída del régimen. Para dar por finalizado el régimen, deben ser capturados, puestos en fuga o eliminados por lo menos Diosdado Cabello, el número dos de la estructura de poder; el general Vladimir Padrino López, jefe de la estructura militar y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, la vicepresidenta y el jefe de la Asamblea Nacional.
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Lo revelador de las primeras imágenes llegadas desde Venezuela es que mostraban aviones y helicópteros Chinook norteamericanos sobrevolando Caracas y atacando desde el aire puntos clave de la estructura militar chavista, como Fuerte Tiuna y la base aérea La Carlota. Que con el poderío antiaéreo que posee el régimen, incluyendo misiles tierra aíre S-300, sistemas antiaéreos Buc y cinco mil misiles portátiles que son la versión rusa de los Stinger, el arma con la que los mujaidines afganos vencieron a los soviéticos derribando los helicópteros artillados como si fueran palomas.
Que en esa madrugada de explosiones las luces que registraban las cámaras sólo fueran de arriba hacia abajo, sin que se vean luces de abajo hacia arriba, y que helicópteros y aviones de combate norteamericanos pudieran sobrevolar Caracas y otras ciudades a tan baja altura sin ser derribados por fuego antiaéreo ni enfrentados por escuadrones de aviones Sukhoi de la fuerza aérea local, parecía evidenciar el derrumbe del poder militar del régimen.
Si eso es realmente lo que está ocurriendo, entonces, lo que ocurre por detrás es negociaciones fervientes entre negociadores norteamericanos y la disidencia local encabezada por María Corina Machado con funcionarios chavistas moderados y la oficialidad media venezolana, dispuesta a reemplazar al corrupto generalato que integró la nomenclatura chavista. Pero todo está ocurriendo y faltan muchas horas, si no días y semanas, para ver el desenlace de lo que por el momento parece el capítulo final del régimen chavista.