La muerte del creador y jefe del cartel que, para el Pentágono y la CIA, representa un peligro equiparable a Hezbolah, y una amenaza a Estados Unidos inmensamente mayor a la amenaza que representó, en su momento de mayor poderío, la organización político-militar del chiismo libanés, generó un caos de violencia y extensión territorial sin precedentes en México.
De inmediato, en la prensa internacional comenzó a retumbar la pregunta de si no peligra el Mundial de fútbol que se realizara dentro de pocos meses. También si se decidirá, como medida mínima, sacar a Jalisco de entre las sedes de los partidos del torneo.
El caos desatado por la muerte de Nemesio “el Mencho” Oceguera Cervantes pasó a ser un tema de mayor importancia que el propio deceso del capo narco.
Más reveladora que la acción, es la reacción que causó en el mundo del narcotráfico la operación que mató al jefe del cartel Jalisco Nueva Generación. Ninguna muerte o captura de un capo narco ha ocasionado una ola de violencia tan grave y tan extendida como la que causó el acribillamiento de Mencho Oceguera.
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Cuando en 1997 murió el “Señor de los Cielos”, Amado Carrillo, durante una cirugía estética para cambiar su rostro, nadie creyó en el Cartel de Juárez que fue por una mala praxis médica. Todos sospecharon que fue la largo mano de la CIA, o de la DEA o de los servicios de inteligencia del Estado, y hubo actos de violencia como represalia. También los hubo cuando fue capturado Joaquín “Chapo” Guzmán, y luego cuando capturaron a su sucesor, Ismael “Mayo Zambada. Lo mismo ocurrió cuando atraparon a Ovidio Guzmán, hijo del líder del Cartel de Sinaloa. Pero ninguna de aquellas escaladas de violencia narco puede compararse en gravedad ni en extensión geográfica al tembladeral desatado por el asesinato de Mencho Oceguera.

Esa diferencia da una clave de interpretación de lo que implica el mayor golpe al narcotráfico que dio el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Cortando calles y rutas, quemando automóviles y ómnibus, incendiando locales comerciales y atacando sedes bancarias no sólo estuvieron los sicarios de Jalisco. La violencia que comenzó en Guadalajara, la capital del estado, y se extendió a Michoacán, Tamaulipas, Zacatecas, Guanajuato y decenas de estados más, parece haber incluido a otros carteles. Incluso algunos que eran enemigos de Mencho.
Eso revela que en este ataque, que no es la primera decapitación de una mafia narco, los cárteles están viendo algo que no habían visto antes: el posible inicio de una guerra para sacarles el control territorial.
Trump lleva tiempo señalando algo que es cierto y verificable: decapitar un cártel no acaba con esa organización, porque le nace una nueva cabeza, espontáneamente o al cabo de una lucha de facciones. Por lo tanto, la verdadera guerra al narcotráfico implica quitarles a los cárteles su control territorial.
El jefe de la Casa Blanca llevaba tiempo presionando a la presidenta de México con lanzar esa guerra territorial. Comenzó ofreciendo ayuda militar, continuó amenazando con una intervención unilateral de las fuerzas estadounidenses en territorio mexicano y, finalmente, recurrió a la inteligente sensatez de ofrecer un acuerdo que sea beneficioso para México.
Se trata de un acuerdo de comercio e inversiones, que implicaría una alianza estratégica entre Estados Unidos y México. Semejante posibilidad puede haber motivado la aceptación de Sheinbaum. Pero la condición puesta por la Casa Blanca para avanzar hacia esos acuerdos, es que México haga lo que hasta ahora no hizo: lanzar una guerra para quitarle a los narcos el control territorial.
Los presidentes mexicanos son renuentes a llevar el conflicto a esa dimensión. Sienten que es un todo o nada peligroso, una posible apertura de las puertas del infierno. Pero quitarles el control territorial es lo que verdaderamente afecta el poder del narcotráfico. Las cabezas que caen, vuelven a crecer. La pérdida de territorio los arrincona contra las cuerdas.
Esa es la verdadera guerra al narcotráfico. Mientras un cártel tenga control de un territorio, lo convierte en bastión inexpugnable, aunque el ejército y la policía logren capturar o matar sus jefes.
En ese punto, los narcos entienden que la guerra va en serio, por eso se lanzan al campo de batalla intentando que el caos generado en gran parte de México haga que el gobierno se replantee el acuerdo alcanzado con Washington.
Que la embestida que costó la vida al jefe del cartel Jalisco Nueva Generación haya tenido una participación norteamericana, es una señal de que esta vez podría no tratarse de una decapitación más, sino de una ofensiva mucho más profunda. Al menos así parecen verlo los cárteles mexicanos. Por eso desataron un caos en la mayoría de los estados del país.
La amenaza del caos incontrolable, en la antesala del Mundial, podría hacer desistir a Claudia Sheinbaum.
Pero también es posible que la presidenta de México haya entendido el planteo de Washington y aceptado que esa es la única forma para luchar de verdad contra los narcos; además, por cierto, de la tentadora oferta de alianza estratégica que le hizo Donald Trump.


